Israel-Palestina: Creer en la paz, única opción

viernes, 16 de agosto de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- El camino hacia la paz entre Israel y Palestina lleva 77 años obstruido. A la hora de abrirse nuevas negociaciones para poner fin al conflicto, el embajador de la delegación especial de Palestina en México, Munjed Saleh, invita a todos los países del mundo a contemplar de cerca el proceso de paz para acabar con una “ocupación fea, racista, odiosa, represora e inhumana”. El proceso, asegura, enfrentará los retos de siempre, entre los cuales se encuentra definir el estatuto de Jerusalén, las fronteras entre ambos Estados y el futuro de las colonias israelíes en territorios palestinos. “Nosotros tenemos que creer. Conocemos las dificultades, la actitud del gobierno israelí, los caprichos de los colonos, pero tenemos que confiar en el proceso de paz. Lo hemos elegido como una opción estratégica”, comenta a Apro. Bajo la supervisión de la diplomacia estadunidense, representantes de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina se sentaron en la mesa de negociaciones en Jerusalén el pasado miércoles 14 para reanudar un diálogo paralizado desde hace cinco años. El secretario de Estado estadunidense, John Kerry, espera lograr la firma del acuerdo en un plazo de nueve meses. Antes de iniciar las negociaciones el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, negó las “precondiciones” del partido Al Fatah, representante de la Autoridad Nacional Palestina. Las precondiciones contemplaban, por ejemplo, tomar como base para las conversaciones las fronteras vigentes hasta la llamada (por los israelíes) “Guerra de Seis Días”, en 1967, en la que los judíos invadió terrenos palestinos, a contrapelo de lo ordenado por la ONU. Yael Hashavit, consejera política y agregada de prensa y cultura de la embajada de Israel en México, observa con optimismo la ausencia de precondiciones en el diálogo. “Todo está abierto y puede ser discutido: si quieren resolver un problema lo ponen en la mesa de negociaciones y lo tratan directamente”, considera. Y añade que esas conversaciones representan “una oportunidad que no volveremos a tener”. No obstante, Saleh considera que el propio gobierno israelí impone precondiciones. Según él, Netanyahu considera como un derecho adquirido que “Jerusalén sea unida e indivisible, así como el Valle de Jordán. No retirará las colonias y tampoco regresará a la línea verde (las fronteras de 1967)”, denuncia.   Líneas verdes Pese que Al Fatah exige detener el asentamiento de colonias israelíes en territorios palestinos, Uri Ariel, el ministro de Viviendas de Israel, lanzó el pasado 11 de agosto una licitación para construir más de 2 mil nuevas viviendas en Jerusalén-Oriente y Cisjordania. En días anteriores había autorizado otras mil. La declaración provocó un temblor entre los observadores, quienes temieron que abortara el proceso de negociación. En materia de derecho internacional, ambos territorios pertenecen a la Autoridad Palestina y se encuentran bajo ocupación israelí. “No sólo nosotros, también la comunidad internacional considera ilegales las colonias”, afirma Saleh. “Netanyahu está ligado con la extrema derecha, es decir, los colonos”, deplora. El diplomático precisa que las colonias constituyen el mayor obstáculo en el camino de paz. En 2010 se detuvieron las negociaciones porque Israel siguió construyendo colonias, abunda. “Para construir una casa pueden confiscar miles de metros cuadros, propiedad privada de palestinos”, se indigna. Compara la situación en las colonias israelíes con el régimen del Apartheid de Sudáfrica. Lo ilustra con la ciudad de Hebrón: “Implantaron 400 colonos entre los más duros en un enclave dentro de la ciudad, que protegen cientos de soldados. Tuvieron que dividir a Hebrón en dos partes. En la parte que quedó en manos de los israelíes viven 30 mil palestinos, pero los 400 colonos gozan de mucho más derechos que ellos”. Hashavit elude la cuestión de la legalidad del establecimiento de nuevas colonias y se enfoca sobre el beneficio de las negociaciones. Dice que éstas permitirán arreglar cada problema, intercambiar territorios entre Israel y Palestina, así como acordar dónde y cuántos edificios construirá Israel. “La idea de la frontera de 1967 es buena, pero no excelente. Tenemos que revisarla con mucho cuidado y ver cómo lo hacemos para no exigir a habitantes que salgan de sus casas. Si en un territorio palestino viven puros israelíes y al revés, los cambiaremos”, comenta. Argumenta que existen personas que se fueron a vivir a las colonias, llevan ahí 47 años y hoy prefieren ser ciudadanos israelíes. Asevera que en las negociaciones “deberemos revisar cada metro y kilómetro para determinar como la población cambió durante esos años”. “No es fácil estar en una mesa de negociaciones con una parte muy fuerte como Israel y una parte menos fuerte como Palestina”, estima por su parte Saleh. Según él, los israelíes “llevan la fuerza y negocian hasta llegar a un punto que no les gusta. En ese momento abandonan la mesa”. Sin embargo en el camino hacia la paz, Palestina “no tiene otra opción”, asume el diplomático.   La mediación de Washington Barack Obama designó a Martin Indyk como emisario especial para llevar a cabo las negociaciones. El diplomático fue embajador en Israel en dos ocasiones y perteneció al Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí, un grupo de presión a favor de Israel en Estados Unidos. El Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) denunció la organización de las negociaciones bajo los auspicias de Estados Unidos el pasado 29 de julio. “Nos dirigimos a las Naciones Unidas precisamente para que nuestro destino no caiga en manos de Estados Unidos”, declaró su portavoz Khaleda Jaran, quien recordó que la propia Autoridad Palestina, encargada de administrar los territorios palestinos, fue creada durante los acuerdos de Oslo de 1993 —que resultaron infructuosos—, con el visto bueno de Israel. Pero Saleh señala que la primera reacción del FPLP “suele ser de rechazo”, pero que luego la revisará. “Forma parte de la Organización de Liberación de Palestina (OLP), y en definitiva aceptará la decisión de ésta”. Si bien Saleh niega la existencia de luchas internas en Palestina, reconoce “discrepancias entre puntos de vista”, lo que considera sano. Estados Unidos financia a la Autoridad Palestina. Hasta la fecha, admite Saleh, recibe cada año 70 millones de dólares a través de la USAID. El FPLP recordó que en noviembre de 2012 Palestina accedió al rango de observador en la Organización de Naciones Unidas con el voto en contra de Estados Unidos. Todas las solicitudes de adhesión de Palestina como Estado miembro de las Naciones Unidas fueron sancionadas por un veto de Washington en el Consejo de Seguridad. La administración de Obama dejó de contribuir al presupuesto de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Ciencia (UNESCO) para castigar a la institución por admitir a Palestina en su seno, a finales de octubre de 2011. “Sabemos que Washington tiene una alianza estratégica con Israel, sabemos la fuerza del lobby judío en Estados Unidos, pero nosotros estamos en una relación armónica con el gobierno de este país. Confiamos en Barack Obama y John Kerry, y esperamos que Washington actúe como un mediador neutral”, declara Saleh. El 20 de mayo de 2011 Obama exhortó a Israel a negociar la paz con base en las fronteras de 1967, “con el fin de establecer fronteras seguras y reconocidas por ambos Estados”. Netanyahu reaccionó el día siguiente: dijo que no aceptará que “centros mayores de población israelí en Cisjordania se encuentren del otro lado de la frontera”.   Gaza, Hamas y Jerusalén El pasado martes 13, misiles fueron disparados desde la franja de Gaza, controlada por el partido Hamas desde 2007, hacia Israel. El gobierno de Tel Aviv acusa a Hamas de obtener apoyo y financiamiento del gobierno de Irán y de la organización libanesa Hezbollah, que considera terrorista. En cambio, asegura Hashavit, éstos le exigen atacar a Israel. “Estoy optimista en 99% respecto del éxito de las negociaciones con Ramallah (la capital de la Autoridad Palestina)”, se entusiasma Hashavit. Sin embargo, agrega que “nuestro problema radica con el régimen de Hamas en las calles de Gaza. Éste es muy diferente del de Al Fatah, ya que en la franja de Gaza viven musulmanes extremistas. Gaza es un área muy pobre, no puede suministrar servicios al pueblo y no quiere cooperar con el régimen de Ramallah”. La diplomática no precisó que la franja de Gaza está sometida a un bloqueo terrestre y aéreo del ejército israelí desde el ascenso al poder del Hamas en septiembre de 2007. Según Saleh, Hamas no afecta al proceso de paz ya que Al Fatah y Hamas se están reconciliando. Recordó que este último estableció una tregua con Israel desde hace tres años. La tregua se ha respetado, aunque ocurren incidentes “aislados”, Afirma que “a la hora que Mahmud Abbas (presidente de la Autoridad Palestina) presente un Estado palestino con las fronteras de 1967, todos lo van a aplaudir. La franja de Gaza tiene que formar parte del Estado palestino independiente: franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental”. La parte oriental de Jerusalén será uno de los temas más complicados de las negociaciones, prevé Hashavit, por lo que se abordará al finalizarse el diálogo de paz. “La postura oficial del gobierno israelí considera Jerusalén como capital de Israel, y se mantendrá siempre firme. La pregunta es ¿hasta qué punto la Autoridad Palestina se acercará a Jerusalén?”, se pregunta. Del lado palestino, Saleh asegura que a la hora de una solución definitiva, Jerusalén Oriental formará parte integral de los territorios palestinos y se declarará capital del Estado. “En su lectura los israelíes dicen que Jerusalén está unida. Pero de acuerdo con la ONU, tras la guerra de 1967 ningún país reconoce Jerusalén Oriental como parte de Israel, ni siquiera Estados Unidos. Entonces Jerusalén Oriental es una parte indivisible de los territorios ocupados en 1967”, asevera. El gobierno israelí decidió liberar 26 prisioneros palestinos el pasado martes 13, y otorgará libertad a 78 más durante los nueve meses que durarán las negociaciones, en el caso de que éstas no se interrumpan. Según Hashavit, el acto fue un gesto para establecer un “buen ambiente” en las negociaciones. Al dar luz a un acuerdo de paz, ése será sometido a un referendo en Israel, informa. Éste gesto fue saludado por Al Fatah como un “alivio” para la sociedad palestina, que reclama desde hace 20 años la liberación de todos los prisioneros anteriores a los acuerdos de Oslo. Saleh afirma que la resistencia palestina a la ocupación es pacífica, en la cual participan extranjeros e israelíes progresistas, “maltratados de la misma forma como los palestinos”, añade. Al firmarse un acuerdo de paz, se concluirían siete décadas de enfrentamiento entre árabes e israelíes, que generaron un clima permanente de tensión y odio. “El pueblo palestino y las generaciones jóvenes no tenemos rencor en contra de nadie. El problema entre Palestina e Israel es político. No tenemos ningún problema con los judíos ya que históricamente somos primos, somos semitas. Desafortunadamente existen algunas facciones, tanto en Israel como en la parte árabe, que quieren trasladar el conflicto al ámbito religioso, lo que puede representar un gran peligro”, comenta Saleh. En Israel la población está cansada”, reconoce Hashavit. “No se puede vivir en un estado de guerra para siempre. “Queremos vivir en paz”, añade y comenta que “cada bebé que nace en Israel su mamá le desea ‘no ser un soldado’”. No obstante sus declaraciones a favor del acuerdo de paz, Saleh se preocupa de que negativas israelíes “siempre provocan tropiezos de última hora; ya sea por un cambio de gobierno o por que aprueban una nueva ley”.

Comentarios