Gordillo, cuando el poder se acaba

miércoles, 27 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Detrás de las rejilla de prácticas del Juzgado Sexto con sede en el Reclusorio Preventivo Oriente, Elba Esther Gordillo quiso guardar silencio. Se le veía nerviosa en los movimientos de cabeza que no dejaba de hacer, volteando de un lado a otro, mientras el secretario de Acuerdos le leía sus derechos. Al final no quiso declarar. Su silencio era elocuente por más que alegara detrás de barandillas, sabía que, así como el poder presidencial de Carlos Salinas la encumbró, ahora el poder presidencial de Enrique Peña Nieto, le quitaba la fuerza y el imperio que se autoerigió desde la base magisterial. En 24 años de estar al frente del sindicato de maestros, Elba Esther Gordillo impulsó la carrera de muchos políticos de todos los tamaños, lo mismo que de escritores y periodistas que asistían a sus cenas y estiraban la mano para recibir prebendas y regalos que, generosamente, les ofrecía a cambio de que hablaran bien de su proyecto. Pero también encumbró y fue el soporte de varios presidentes de la República. A Carlos Salinas de Gortari, quien la puso al frente del SNTE, le fue útil políticamente para mantener la unidad del PRI en 1994, cuando entró en crisis por la aparición del EZLN y el crack financiero. Luego, a Ernesto Zedillo le funcionó como catalizadora de la reforma educativa basada en la descentralización. Mientras que al panista Vicente Fox le operó no sólo la política educativa, sino también varias elecciones en los estados, así como sus iniciativas en la Cámara de Diputados. Felipe Calderón fue el más beneficiado de los favores de la maestra Gordillo, quien se los cobró muy caros. Fue ella quien le levantó la mano como ganador de las polémicas elecciones antes del dictamen del Tribunal Electoral y, a cambio de esta acción legitimadora, recibió las direcciones del ISSSTE y de la Lotería Nacional; la Subsecretaría de Educación Básica de la SEP y la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Seguridad Pública. Hechura del sistema priista, pero entronizada al máximo por el PAN, la maestra sirvió al poder presidencial en turno y de éste se sirvió también. De hecho, Elba Esther Gordillo fue una de las piezas responsables de aceitar con dinero una parte importante de la maquinaria de corrupción con la que camina el sistema político mexicano y, también, pieza clave de esa maquinaria que ayudó encumbrar a los últimos presidentes de la República, hasta que rompió con Enrique Peña Nieto en noviembre del 2011, cuando Luis Videgaray le enseñó una encuesta que exhibía el escaso peso electoral de su partido, el Panal. Paradójicamente, el regreso del PRI a la Presidencia significó para Gordillo el fin de su ciclo. Después de 24 años ha dejado de ser útil al sistema político corrupto y traicionero que la hizo a su imagen y semejanza. Ella traicionó al PRI desde el 2000, cuando en lugar de apoyar a Francisco Labastida le brindó en secreto su respaldo al panista Vicente Fox; y luego en el 2005, cuando fue expulsada del priismo por crear su propio partido y apoyar a Felipe Calderón. Con el PRI de Peña Nieto quiso negociar puestos de gobierno y la hicieron a un lado, haciéndole ver su poca representatividad en el mercado electoral. Tampoco la necesitaban como operadora política ni como apoyo en su papel de lideresa sindical. Destronada, inutilizada, despojada del poder que pensó tener por siempre, Elba Esther Gordillo dijo hace unos años en una entrevista con este reportero lo que quería como epitafio: “Aquí yace una maestra que se atrevió hacerlo; no soy perfecta, he cometido errores en mi vida y en política, pero lo que sí es cierto es que al pasar de los años he tratado de ser mejor.” Twitter: @GilOlmos

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