China

Mirando a China: lo inquietante y lo deseable

Es poco probable o casi imposible que la vida política china avance hacia el modelo de democracia occidental. Uno de los motivos más importantes para ello se encuentra en el efecto que tuvo la caída de la URSS en el pensamiento político chino.
sábado, 17 de julio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Los 100 años del Partido Comunista chino han merecido numerosos comentarios en los medios de comunicación internacionales. La mayoría, entre ellos la conocida revista The Economist, han dedicado amplios espacios a reflexionar sobre los procesos que tienen lugar al interior del mencionado partido. Sus conclusiones son un tanto escépticas al no encontrar señales de apertura política que favorezcan el avance hacia la democracia, tal y como dicha democracia se entiende en los países avanzados del mundo occidental.

En efecto, el largo discurso pronunciado por el presidente Xi Jinping fue una cuidadosa exaltación del papel central que han desempeñado el partido y sus dirigentes en conducir a China hacia el gran país que hoy representa la segunda economía más grande del mundo. Dentro de ese espíritu no se advierte la menor intención de modificar el férreo control político que tienen los actuales dirigentes sobre el futuro del país. Por el contrario, hay la convicción de que su permanencia es indispensable. “En los días por venir –insistió Xi Jinping– debemos fortalecer el liderazgo del partido. Para ello debemos fortalecer el papel central del secretario general en el Comité Central del partido y en el partido en general”.

Ahora bien, no deja de ser inquietante el empeño de leer a China desde la óptica de la evolución de su vida política. Lo cierto es que, cualesquiera que sean las críticas a su autoritarismo, los resultados son excepcionales. La transformación de China en la segunda economía más fuerte del mundo, la capacidad de sacar de la pobreza a 800 millones de personas, convertirse en el primer centro manufacturero del mundo, lograr avances científicos y tecnológicos que compiten y en muchas áreas superan a los países más industrializados de occidente y finalmente ser la figura primordial en las finanzas internacionales y extender su influencia a través de todos los continentes no es poca cosa. Representa, sin exagerar, uno de los hechos más trascendentes de la historia contemporánea.

Ciertamente, es poco probable o casi imposible que la vida política china avance hacia el modelo de democracia occidental. Uno de los motivos más importantes para ello se encuentra en el efecto que tuvo la caída de la URSS en el pensamiento político chino. Para sus dirigentes, el error principal de la era de Gorbachov fue buscar la apertura política sin haber resuelto, primero, la modernización y el avance de la vida económica. Vista así, la lección más importante para el liderazgo chino fue, primero, abrir la economía y promover un intenso crecimiento económico.

A ello se refirió Xi Jinping en su discurso al recordar la decisión del partido de “transformar a China de una economía de planeación fuertemente centralizada a una economía socialista de mercado plena de vitalidad, y de un país de una economía que estaba aislada a una que está abierta al mundo en todos sus sectores”.

Habiendo llegado al punto en que hoy se encuentra, China puede enfrentar los retos que hoy constituyen preocupaciones centrales para ella y para el mundo: de una parte, combatir la pandemia del covid-19 y, por la otra, mantener la competencia con Estados Unidos por la hegemonía mundial. La manera en que se resuelvan, uno y otro, tendrá consecuencias muy serias para la economía y la política internacional en su conjunto.

Por lo que toca al primer punto, China tuvo éxitos muy notables en el control interno de los contagios y en el desarrollo de las vacunas. Su diplomacia de vacunas ha ampliado, sin duda, su presencia en el mundo en desarrollo. Los vuelos desde China cargados de medicamentos y ahora de vacunas están reforzando su presencia en diversas regiones, estableciendo una comparación, positiva a su favor, ante la actitud poco generosa que han mostrado Estados Unidos y la Unión Europea.

En la competencia por la hegemonía mundial ha surgido una corriente de pensamiento que habla del comienzo de una nueva Guerra Fría encabezada, respectivamente, por China y Estados Unidos. Sin embargo, el concepto de Guerra Fría es muy discutible en este caso por las condiciones existentes para que entre en operación.

La Guerra Fría supuso la delineación clara de zonas de influencia, en las que no había duda sobre quién ejercía influencia sobre quién. En el mundo globalizado de nuestros días, esas divisiones son difíciles o imposibles de establecer. Cierto que el presidente Biden puede vanagloriarse de haber incorporado, en su reciente gira por Europa, a China en la lista de peligros para la OTAN, pero lo anterior no significa que la Unión Europea esté lista para reducir sus muy importantes vínculos económicos con China, que incluyen, entre muchas otras cosas, una corriente de turismo muy significativa.

Por su parte, América Latina ya no es la región cuyos lazos económicos fundamentales eran con Estados Unidos. China tiene acuerdos de libre comercio con varios países de la región y, en general, los intercambios económicos con ese país son muy sustantivos, incluido México, para quien es su segundo proveedor en importancia.

Sumarse a la Guerra Fría en la relación Estado Unidos-China supone, quizá, compromisos ideológicos de tipo retórico con los valores democráticos proclamados por Occidente. Pero se trata de una retórica que no ofrece resultados positivos para nadie.

En la realidad, lo que mayormente importa no es la aproximación o no a las formas democráticas que algunos países de occidente proclaman; lo deseable es buscar formas de cooperación y convivencia con regímenes distintos, incluida, desde luego y en primer lugar, China. Es la única manera de enfrentar los variados y difíciles retos del mundo postpandemia. 

Artículo publicado el 11 de julio en la edición 2332 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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