Análisis

La política exterior en 2021: avances y retrocesos (Segunda y última parte)

Queda la mitad de un sexenio para voltear la mirada hacia olvidos en materia de política exterior. Todavía es tiempo de corregir omisiones imperdonables.
viernes, 14 de enero de 2022

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Si partimos del supuesto que el objetivo prioritario de la política exterior de un país deben ser sus vecinos y miramos hacia la frontera sur, México obtiene muy mala calificación. Más allá del tema de la migración, al que ya nos hemos referido, se carece de una estrategia de política exterior hacia Centroamérica.

Cierto que no es algo nuevo, así ha sido tradicionalmente. Sin embargo, el sexenio de López Obrador comenzó de manera diferente. Hubo un interés marcado por la relación con los países del Triángulo del Norte. Un conocido estudio solicitado a la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) fue presentado el mismo día de la inauguración de la nueva administración a los gobiernos de Estados Unidos, Guatemala, Honduras y El Salvador.

Mucho se especuló entonces sobre la cooperación que se establecería entre dichos países para el desarrollo integral de la región. Tales esperanzas nunca se concretaron. De un estudio detallado con diagnósticos claros, acciones específicas y señalamientos puntuales sobre el financiamiento necesario se pasó a una frase muy genérica que se repite sin elaborar sobre ella: “Combatir la raíz de los problemas de la migración”.

Tal ha sido la frase que, con pequeños cambios, reitera la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, cuando ha venido a México para hablar del tema; que repite López Obrador cuando se refiere a cooperar con los países centroamericanos; que se confirma en cualquier discurso sobre la política hacia Centroamérica. En ocasiones AMLO le añade el comentario, de validez dudosa, “nadie abandona por su gusto el sitio donde ha nacido”.

La verdad es que numerosos indicadores –como el nivel de profesionalismo de quienes han sido nombrados embajadores, los escasos recursos financieros y en capital humano que se otorgan a embajadas y consulados, los métodos de seguimiento utilizados para evaluar los programas de cooperación que se han querido poner en marcha– confirman la inexistencia de una verdadera política hacia nuestros vecinos del sur.

Por motivos que ya expuse en mi artículo anterior, poco o nada puede esperarse de la ayuda que preste el país del norte para modificar positivamente esa situación.

La relación hacia el conjunto de América Latina es otra cosa. Desde luego no se han dado las mejores condiciones: los mecanismos de cooperación latinoamericanos se encuentran en crisis o han desaparecido; la región ha perdido capacidad de hablar con una sola voz en la política internacional; Brasil –sin duda el actor de mayor peso en Sudamérica– ha colocado en segundo término su otrora activismo internacional; México no tiene aliados preferentes en la región.

Sin embargo, dentro de ese difícil contexto, se han logrado avances en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) y, aunque de forma un tanto confusa, se ha intentado revivir el discurso del latinoamericanismo, inspirado en ideas bolivarianas.

Como presidente temporal de la CELAC, el gobierno mexicano se enfocó hacia problemas técnicos logrando avances interesantes de cooperación con la Organización Panamericana de la Salud, así como con instituciones de Centroamérica y el Caribe. La cooperación para combatir la pandemia ha sido útil y oportuna, así como los encuentros con altos funcionarios chinos que han apoyado esfuerzos nacionales en materia de vacunación, medicamentos y equipo médico.

Desde el punto de vista político, la celebración de una reunión cumbre de los países de la CELAC en septiembre fue sin duda significativa, a pesar de la ausencia de Brasil. No obstante, las diferencias que afloraron en la reunión, relativas principalmente a la presencia de Cuba y Venezuela, así como la imposibilidad de una declaración final que incorporara el tema de la reforma de la OEA, puso en evidencia los obstáculos tan serios que existen para llegar a posiciones comunes en una región tan altamente polarizada.

En los organismos multilaterales de carácter universal, la pertenencia al Consejo de Seguridad (CdS) es, en sí mismo, un avance. En efecto, hubiese sido posible desconocer la decisión de gobiernos anteriores de ser candidatos para el periodo 2021-2022. Un representante de gran experiencia política como es el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, asegura una participación atinada y un activismo que garantiza la buena imagen de México en ese foro mundial. Falta un segundo año en el que coincidirán México y Brasil en el CdS. Ojalá fuese la oportunidad para construir muy deseables entendimientos que deberían existir entre los dos grandes de América Latina.

Ahora bien, desde el punto de vista de los retrocesos, la política exterior en 2021 sigue siendo, como lo ha sido desde el inicio de la presente administración, notoriamente limitada. Hay regiones, foros de concertación y temas de la agenda mundial que se han dejado en el olvido. Llevará tiempo reposicionar a México en los espacios que se están perdiendo.

El caso más visible y preocupante es Europa. ¿Cuándo se lleva a cabo la primera gira? ¿Cuándo se organiza la estrategia política para lograr la ratificación del Acuerdo General de Liberalización Comercial, Coordinación Política y Cooperación? Sin duda fue un éxito, ya bajo el gobierno de López Obrador, que llegara a su fin exitosamente la actualización del Acuerdo. Sin embargo, falta la labor política ante los parlamentos que desearían compromisos más explícitos de México sobre tres temas: Venezuela y Nicaragua; la defensa de los derechos humanos y el cambio climático.

Por otra parte, poco beneficia a la relación con Europa la rispidez que se ha creado en la relación con España, el principal inversionista europeo en México y el principal defensor de México ante la Unión Europea. Las diferencias con algunos inversionistas pueden ser válidas, siempre las ha habido con inversionistas nacionales o extranjeros, pero la diplomacia está ahí para que no contaminen la relación en su conjunto.

Otras regiones, como Asia del Este, la de mayor crecimiento económico mundial, merecen también una larga consideración. ¿Cuándo hay avances hacia el Acuerdo de Libre Comercio que desea Corea del Sur?

Queda la mitad de un sexenio para voltear la mirada hacia olvidos en materia de política exterior. Todavía es tiempo de corregir omisiones imperdonables. 

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