La defensa más perra

viernes, 9 de septiembre de 2011
Lleva décadas entrenando ejemplares de pastor alemán en su academia Krakfwerk K9, en Rochester, Washington, y se jacta de poseer los mejores ejemplares de esa especie. Es Wayne Curry, quien dice que cuando se trata de defender a sus dueños de alguna amenaza los perros que entrena son verdaderas máquinas de matar. Además, recalca, son incorruptibles. Proceso lo visitó en su campo de trabajo y corroboró su técnica. Dice que acaba de refinar un “curso especial para defender a los mexicanos de la violencia, la inseguridad y los secuestros”, a petición expresa de empresarios del país vecino. ROCHESTER, ESTADO DE WASHINGTON (Proceso).- Como mascotas son adorables, pero como guardaespaldas son máquinas de matar si se trata de proteger a su dueño, dice Wayne Curry acerca de los perros que entrena en Kraftwerk K9, la academia que dirige en esta ciudad desde hace varios años. Estos animales adiestrados, añade, “pueden salvar la vida de muchos mexicanos; de eso no me queda ninguna duda”. Especializado en el entrenamiento de perros pastor alemán para la protección de personas, Curry anuncia que acaba de concluir y refinar un “curso especial para defender a los mexicanos de la violencia, inseguridad y de los secuestros”. El espacio donde entrena a sus animales es un predio de casi 11 hectáreas. Ahí adiestra todos los días a siete ejemplares de pastor alemán –cuatro hembras y tres machos– especialmente para el caso mexicano. A simple vista estos animales parecen mascotas perfectamente bien educadas, pero a la hora de defender a su amo se transforman en unas bestias feroces con un solo objetivo: eliminar al atacante o intruso, dice. Reconocido en Europa y en Estados Unidos, donde ha ganado todos los concursos por su técnica de defensa canina, recibe a Proceso para mostrar la forma en que prepara su curso. Presume: “Mis perros no son los típicos guardianes; nacieron exclusivamente para trabajar y su trabajo es atacar”. Uno de ellos es Rudy. Tiene poco más de tres años y pesa 42 kilos. Apenas escucha los pasos de su dueño abandona su sitio y sale disparado al encuentro del desconocido que acompaña a su entrenador. Lo hace sin ladrar. “Tranquilo. No le hará nada. Sólo le recomiendo que no meta las manos a los bolsillos de su pantalón”, dice Curry al reportero. Rudy, un hermoso ejemplar casi totalmente negro, comienza a escrutar al visitante. Dirige su nariz a la bolsa derecha del pantalón con la vista fija en los ojos del reportero. –¿Qué traes en el bolsillo? –pregunta Curry. –Mi grabadora. Curry le habla en alemán a Rudy y el perro se retira. “De haber traído una pistola en el bolsillo Rudy sólo le hubiera ladrado; en caso de que intentara sacarla se hubiera lanzado sobre usted”, agrega el dueño de Kraftwerk K9. Jake Allenton y Anthony Akers, veteranos de la guerra de Afganistán, son asistentes de Curry en la empresa. El primero es director de operaciones; el segundo, además de especializarse en el manejo de perros para la detección de explosivos es director de programas de entrenamiento. Ambos acompañan a Curry mientras muestra al reportero las instalaciones y relata por qué decidió crear un curso para México: “Yo vendo muchos perros a empresarios de mi país, de Europa, de Medio Oriente y de Asia. Hace unos años un cliente mío trajo a unos empresarios mexicanos que querían comprar un perro”. Asegura que quedaron sorprendidos al observar lo que hacen los animales para proteger a sus dueños, incluso para vigilar una casa o un negocio. Al final, cuenta, se llevaron un pastor. Y aun cuando se reserva el nombre de los empresarios comenta que a partir de entonces comenzaron a llegar más clientes mexicanos. Curso especial para México   Hace un par de meses, dice el propietario de Kraftwerk K39, vendió cuatro animales a un empresario de Querétaro y dos a un regiomontano. Asegura que algunos de sus clientes mexicanos –“hombres muy ricos cuyos nombres no puedo dar”– le preguntaron si podía venderles perros para evitar secuestros: “Fueron ellos quienes me contaron cómo operan los delincuentes en México para secuestrar o atracar a las personas. De ahí surgió la idea de diseñar un curso especial para México. Es la primera vez que hablo de este asunto ante la prensa”. Su asistente Akers, un joven fornido, se alista para hacer un simulacro de agresión a mano armada. Se enfunda en un overol especial para protegerse de las uñas de los perros y encima se coloca un suéter con protectores especiales en las mangas que le ayudan a defenderse de las mordidas de los animales. Son tan gruesos los protectores que incluso aguantan el impacto de un bate de beisbol. Akers se cubre también la cara con un pasamontañas y se asegura de llevar consigo un revólver cargado. Terminado el ritual Curry dice: “Vamos por Rudy”. Y empieza la función. Curry vuelve a preparar el escenario. Estaciona un Porsche frente a su casa –“lo compré para simular el tipo de autos que los empresarios mexicanos me recomendaron para desarrollar este curso”, justifica– y da una orden a Rudy en alemán. El perro, juguetón, se acerca a su dueño. Una palabra más, en el mismo idioma, y Rudy se sienta a un costado del auto. Al abrirse el medallón trasero del vehículo Rudy recibe la orden de subirse. Lo hace. “Vamos a la carretera. Ahí simularemos un intento de robo de auto, de asalto o secuestro, como usted quiera llamarlo”, dice. Curry maneja el Porsche seguido por una camioneta en la que va su asistente Akers. El auto comienza a disminuir la velocidad para detenerse ante la luz roja del semáforo, mientras la camioneta se acerca por atrás. En ese instante Rudy levanta la cabeza. Lo que sigue se desarrolla en cuestión de segundos: Akers desciende de la camioneta empuñando el revólver y se dirige a la ventanilla del conductor del Porsche. Le grita e intenta abrir la portezuela para bajarlo. Sin que el atacante se dé cuenta Curry oprime un botón que abre el medallón trasero de su auto... y Rudy salta sobre el enemigo. Antes de que el falso criminal se percate de lo que ocurre, Rudy ya le mordió el brazo donde tiene el arma; la mordida le destroza músculo y tendones. El impacto derriba al asaltante, quien no puede quitarse de encima al pastor alemán. El conductor del Porsche sale del auto, recoge el arma del delincuente y lo encañona. El perro no suelta a su presa. Sólo lo hará cuando su dueño le dé una orden en alemán. El asaltante aprovecha para levantarse y correr hacia su camioneta, pero Curry da otra orden a su perro, que de inmediato se lanza contra el agresor. “En su segundo ataque Rudy no se lanza contra el brazo –el delincuente ya no lleva el arma– sino contra una pierna, el cuello o la cara”, explica Curry al reportero, mientras el perro sigue castigando al presunto plagiario. “No lo soltará hasta que se lo ordene o a menos que le arranque la parte del cuerpo que esté mordiendo. Mis perros sólo sueltan a la víctima cuando se les ordena”, añade. Curry decide hacer otra demostración, ahora con dos autos tripulados por presuntos atacantes; uno delante y otro detrás del Porsche. El primer atacante que se acerque a la puerta del conductor o de su acompañante será atacado por Rudy, sin que el perro lance un solo ladrido. Allenton, el otro asistente de Curry, explica que cuando una persona es atacada desde dos autos el factor sorpresa es determinante para salvar la vida de la víctima: “Cuando los acompañantes del agresor se dan cuenta de lo que ocurre, la víctima tiene tiempo de huir en su propio vehículo o salir de él, sobre todo si el ataque se realiza en una avenida transitada”. Y aun cuando los cómplices del plagiario maten al animal “no importa –remata el asistente–. Su dueño puede reemplazarlo por otro. Aquí lo importante es salvar la vida de la persona”.   La academia   El área donde está la academia Kraftwerk K9 es un valle rodeado de pinos en Rochester, estado de Washington, 136 kilómetros al sur de Seattle. Tiene campos de entrenamiento y una cabaña donde está la oficina central, así como un laboratorio, un centro médico, el almacén de alimentos y el centro estético canino. También hay decenas de jaulas de malla de acero reforzado. Las rodea un camino circular de cemento en cuyo centro se erige un frondoso pino; al fondo están las casetas individuales donde duermen los perros. En el segundo día de visita a su academia, Curry comenta que tiene 23 pastores alemanes adultos y 34 cachorros. Dice también que los perros que entrena los compró en Alemania. Carlo –un ejemplar de 50 kilos de la variedad “sable”– llegó a Rochester hace tres meses. Desde entonces Curry se encarga personalmente de su cuidado y entrenamiento. Akers, el director de programas de entrenamiento de Kraftwerk K9, asegura que sólo 20% de los pastores son sable y la mayoría está en Alemania. Kraftwerk K9 es la única academia que funciona fuera de Alemania y tiene licencia para importar y vender perros de esa raza para la defensa de personas. Todos están registrados ante la Asociación Nacional Alemana de perros de esa raza y categoría. “Te voy a presentar una primicia, algo que nunca se ha visto en ninguna parte del mundo”, dice Curry al reportero al iniciar la segunda jornada de recorrido por su academia. En uno de los campos de entrenamiento están colocados unos arcos de aluminio que en la parte superior, a unos dos metros del suelo, tienen un tubo diseñado por el propio Curry para entrenar a sus canes. El aparato y el curso están patentados, dice el dueño de Kraftwerk K9. Sus asistentes explican que la demostración tiene la finalidad de que los visitantes observen la forma en que los perros detectan armas de fuego de cualquier tipo, así como municiones, químicos y cualquier tipo de droga. En uno de los arcos se amarra una pistola como a un metro del piso y cada animal debe ubicarla entre los ángulos de los tubos de cada arco. Cuando alguno encuentra la pistola se sienta bajo el arco y apunta con su nariz hacia el objetivo. Sólo se mueve del lugar cuando los entrenadores se lo ordenan. Entonces recibe como recompensa una pelotita de plástico que sale de los tubos. El ejercicio se repite varias veces, cambiando la pistola de lugar; incluso en los bolsillos de algunos pantalones, para confundir más al animal. Los entrenadores utilizaron siete perros, incluidos Carlo y Rudy. La búsqueda siempre fue eficaz. “Lo novedoso de este entrenamiento es que mis perros no necesitan que alguien los maneje con una correa. Son libres, muy libres a la hora de cumplir su cometido. Esto nadie lo hace; ni el Pentágono con sus perros para detectar bombas”, aclara Curry. Se jacta incluso de que sus perros son muy valiosos para el caso mexicano; se podrían usar en la frontera con Estados Unidos para detener el flujo ilegal de armas, del que tanto se queja el gobierno, dice. “La diferencia –explica– es que a mis perros no los pueden corromper como a los seres humanos. No necesitan una correa para que una persona los dirija sobre un vehículo específico, una maleta o una bolsa de mano. Mis perros son incorruptibles.” Aun cuando por su tamaño y apariencia física –como en los casos de Rudy o Carlo– “parecen lobos”, los perros de Kraftwerk K9 también son entrenados para interactuar sin agresividad con seres humanos y con otros perros. Para demostrarlo Curry y sus asistentes llevan al reportero a un centro comercial muy concurrido. Ataviado con un chaleco con la leyenda: “No acariciar al perro”, Rudy se pasea de la mano de su dueño, quien lo lleva con una correa de cuero. Curry entra y sale de las tiendas con Rudy. El perro no ladra y se desplaza con naturalidad. Unas niñas se acercan a tocarlo. Curry le da una orden en alemán a su perro y éste se deja jalar los pelos, la cola… Los precios de los ejemplares de Kraftwerk K9 van de 3 mil a 50 mil dólares. Los más baratos son los cachorros, mientras que los adiestrados para brindar protección personal a sus dueños suelen cotizarse alto. El entrenamiento de las crías que nacen en la academia Kraftwerk K9 se inicia a las ocho semanas y termina hasta que tienen 3 o 3 años y medio, cuando ya están listos para la venta. “Sólo necesitan unas horas de descanso y no exponerlos mucho tiempo a temperaturas muy altas; pueden estar activos los siete días de la semana hasta que cumplen 8 o 9 años”, remata Curry, al tiempo que muestra al reportero las estadísticas de las visitas que ha recibido su página electrónica –www.kraftwerkk9.com– la última semana: 82 mil 61 de Estados Unidos, 5 mil 356 de Canadá, 935 de Alemania, 437 de México y 332 de Brasil. Y aunque admite que sus perros pueden ser caros para el mexicano promedio, afirma que quienes le pidieron entrenarlos para que los salven de asaltos, secuestros, robo de autos o intento de asesinato tienen dinero suficiente para comprarse un Porsche... como el suyo.

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