"Si 100 veces me deportan, 100 veces me voy": hondureño en busca de llegar a EU

jueves, 16 de abril de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- En los últimos 10 años, Honduras vio regresar a 712 mil 427 connacionales deportados durante su travesía en México para llegar a Estados Unidos o en el transcurso de su estancia irregular en aquel país. Según un informe elaborado por organizaciones religiosas hondureñas a petición del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), al pisar de nuevo el suelo de su tierra natal, estos hondureños enfrentan una situación de vulnerabilidad por el clima económico o la inseguridad, cuyo impacto humanitario “es generalmente desconocido e invisibilizado”. Esa situación, aunada a que muchos se endeudan para emprender la búsqueda de una mejor calidad de vida, ocasiona que “una proporción importante” de los retornados intenten de nuevo el viaje a pesar de las numerosas deportaciones: “Aquí no puedo estar. Si 100 veces me deportan de México, 100 veces me voy”, confesó a las organizaciones un joven de 21 años recién deportado. A raíz de un amplio esfuerzo por documentar esta situación --tarea complicada ante la inexistencia de fuentes de información confiables--, la Asociación de Hermanas Scalabrinianas y la Pastoral de Movilidad Humana analizaron la complejidad del fenómeno del “desplazamiento forzado” por causas económicas y trataron de medir el verdadero impacto de la violencia sobre la decisión de salir del país. La investigación arrojó que el perfil del hondureño retornado se describe de la siguiente manera: hombre –en 84% de los casos--, de menos de 35 años –80%-- y soltero –59%--, con educación primaria o sin educación –68%-- y originario de los mayores centros urbanos del país, donde tenía un empleo o una actividad económica antes de su salida. El dato anterior hizo dudar a las organizaciones, ya que según las cifras oficiales, 89.5% de los hondureños retornados afirmó haber salido del país a consecuencia del “desempleo”, mientras que “sólo” 5.4% aseveró que su motivo principal fue la inseguridad. De acuerdo con las agrupaciones, resulta probable que la inseguridad tenga una influencia más importante en la decisión de migrar que lo que dejan entrever las cifras oficiales. A raíz de entrevistas realizadas con migrantes repatriados se observó que “la gran mayoría de las amenazas que impulsaron a las personas a abandonar el país se originaron, de hecho, dentro de su misma colonia o barrio en el contexto urbano, y la aldea o caserío en el contexto rural”; por ejemplo, con el “impuesto de guerra” que exigen los pandilleros. De hecho, recordaron que en Honduras, como en los demás países que forman el Triángulo Norte de Centroamérica (TCNA), la migración sistémica –tanto interna como externa-- encuentra sus raíces en la economía de enclave, los conflictos armados de la década de los años 80, el huracán Mitch que dejó más de nueve mil muertos y 40 millones de dólares de daños materiales en la región en 1998 y la implantación duradera del crimen organizado transnacional. Según los datos del documento, la cifra de hondureños deportados se disparó entre 2004 y 2006, con un promedio anual de 79 mil 426 retornados. Luego disminuyó y repuntó entre 2012 y 2014, cuando el promedio anual de retornados se elevó a 71 mil 233 con un aumento de 27% que culminó en 2014 con 81 mil 17 hondureños que tuvieron que regresar. No sólo los números de migración aumentaron, sino también las de solicitudes de asilo, las cuales se multiplicaron por cuatro entre 2005 y 2013, al pasar de mil 54 a 3 mil 989, destaca el informe de las organizaciones religiosas hondureñas a petición del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

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