Haití

Complot contra Moïse: Las pistas conducen al primer ministro

A partir de declaraciones de exmilitares colombianos que habrían participado en las primeras etapas del complot para eliminar al presidente Jovenel Moïse, autoridades de Estados Unidos y Colombia dirigen sus pesquisas hacia el primer ministro, Claude Joseph.
sábado, 24 de julio de 2021

A partir de declaraciones de exmilitares colombianos que habrían participado en las primeras etapas del complot para eliminar al presidente Jovenel Moïse, autoridades judiciales de Estados Unidos –así como la policía y el ejército de Colombia– dirigen sus pesquisas hacia el primer ministro haitiano, Claude Joseph, aunque no se ha descartado del todo la presunta responsabilidad del pastor Christian Emmanuel Sanon en dicha confabulación.

BOGOTÁ.- En un país como Haití, donde las bandas armadas ligadas al narcotráfico ejercen control territorial y comunitario y tienen nexos con buena parte de la clase política, no resulta descabellada la hipótesis de que el primer ministro, Claude Joseph, pudo haber sido parte del complot criminal que culminó con el asesinato del presidente Jovenel Moïse.

Esa versión se desprende de testimonios de exmilitares colombianos que estuvieron implicados en la primera fase de la operación contra Moïse y cuyas declaraciones fueron puestas del conocimiento de autoridades judiciales haitianas y de agencias estadunidenses, que ubican la eventual participación de Joseph en ese crimen entre sus líneas de investigación.

El presidente colombiano, Iván Duque, confirmó el jueves 15 que hay testimonios de exmilitares que por diferentes razones no viajaron a Haití tras ser reclutados o que estuvieron en el país caribeño pero decidieron regresar a Colombia. 

De acuerdo con el mandatario, ese material probatorio, “que se ha entregado a las autoridades haitianas, va a permitir que se llegue rápidamente al autor intelectual” del complot contra Moïse.

Para la Policía Nacional de Haití, sin embargo, el principal autor intelectual del asesinato del presidente es hasta ahora el médico y pastor evangélico haitiano Christian Emmanuel Sanon, un desconocido en el ámbito político de su país. 

Sanon, quien ha residido en los últimos años entre Miami y Haití, ya fue detenido en Puerto Príncipe. 

Exmilitares colombianos han declarado que Sanon fue uno de los conspiradores con quienes se reunieron en mayo pasado en una casa en la capital haitiana. 

El noticiero televisivo colombiano Noticias Caracol aseguró el miércoles 14 que el primer ministro haitiano, Claude Joseph, quien asumió como jefe de gobierno tras el asesinato de Moïse, ocurrido la madrugada del miércoles 7, también estuvo en esa casa y fue el principal autor intelectual del magnicidio.

Una fuente de la Policía Nacional de Colombia (PNC) consultada por Proceso dijo que “ante un hecho tan confuso, no se puede descartar ninguna de las hipótesis que vayan surgiendo en la investigación”. 

La PNC tiene decenas de agentes –algunos de ellos en Haití– investigando el asesinato de Moïse y el grado de participación de exmilitares colombianos en ese hecho. 

“Nuestra posición es muy delicada, porque la investigación y el esclarecimiento están en manos de las autoridades haitianas, pero debido a que en este caso están involucrados exmilitares colombianos hemos intervenido por solicitud de Haití y estamos haciendo lo que ellos nos piden. De esas diligencias viene nuestra información”, dijo la fuente consultada.

La policía haitiana, con Joseph

Agentes colombianos de la policía, de los servicios de inteligencia y contrainteligencia militar y de la Agencia Nacional de Inteligencia (un organismo civil) están en Puerto Príncipe desde el pasado viernes 9 participando en las investigaciones, y decenas más indagan en Colombia las conexiones locales del caso Moïse.

Entre las instituciones involucradas en las pesquisas están, además, la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF) y Migración.

Según la fuente de la policía consultada, los investigadores colombianos tienen “estrecho y permanente contacto” con las agencias estadunidenses que participan en las indagaciones (el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional) y con las autoridades judiciales haitianas.

La Policía Nacional de Haití, que está bajo la autoridad del primer ministro Claude Joseph, desmintió que existan indicios para señalar al jefe provisional del gobierno como autor intelectual del magnicidio de Moïse y aseguró que ninguno de los sospechosos del crimen que están detenidos ha hecho acusaciones que lo impliquen.

Además de la volátil situación social que vive Haití por la generalizada pobreza, la crisis económica, la pandemia del covid-19, la inseguridad y el asesinato del presidente, el vacío político que se produjo por la muerte de Moïse desató una lucha por el poder entre Claude Joseph, Ariel Henry y el senador Joseph Lambert.

Dos días antes de morir, Moïse había nombrado primer ministro a Ariel Henry, y aunque éste no alcanzó a tomar posesión, se asume a sí mismo como el legítimo jefe de gobierno. Por otro lado, el Senado designó como “presidente provisional” a Joseph Lambert, pero éste no ha juramentado el cargo ante las gestiones de Estados Unidos y Francia para lograr un acuerdo político. 

En los hechos, Joseph tiene un relativo control del gobierno, lo que en un país como Haití puede cambiar en cualquier momento.

La conexión colombiana

Los militares colombianos en retiro son muy solicitados en el lucrativo negocio de la seguridad alrededor del mundo. Se trata de profesionales entrenados como comandos y fuerzas especiales y, sobre todo, tienen una amplia experiencia en combate, pues este país lleva más de medio siglo luchando contra las guerrillas, el narcotráfico y las bandas criminales.

Además pueden ser contratados por sueldos mucho más bajos que los que cobran los mercenarios estadunidenses, europeos o israelíes.

Esto ha permitido a unos 5 mil militares colombianos en retiro ser contratados en los últimos años como guardias de instalaciones militares estadunidenses en Afganistán e Irak, e incluso cientos de ellos se enrolaron como soldados profesionales del ejército de Emiratos Árabes Unidos, donde obtienen salarios en dólares y la nacionalidad emiratí. 

En un chat de Whatsapp llamado Primer Vuelo, y en el que participan unos 240 militares colombianos en retiro, alguien divulgó hace unos meses ofertas de tres empresas de seguridad que requerían personal con experiencia militar “para Centroamérica”. Ese fue el inicio de la labor de reclutamiento para la operación contra Moïse.

A varios de ellos, cuyas pensiones son insuficientes para mantener a sus familias, les llamó la atención el ofrecimiento y se contactaron con las empresas que, según las investigaciones de Colombia, pertenecen a altos oficiales retirados de las fuerzas militares de este país, cuyas finanzas están bajo escrutinio de la UIAF.

El director de la policía colombiana, general Jorge Luis Vargas, dijo el jueves 15 que los principales reclutadores fueron el excapitán Germán Rivera García, quien se encuentra detenido en Haití, y el exsargento Duberney Capador Giraldo, quien murió durante un enfrentamiento con la policía haitiana. 

Otros dos personajes clave en esta trama son el militar retirado Jonathan Rivera García, hermano del excapitán apresado en Haití, y el expolicía Ronald Ramírez, cuyos testimonios ante la policía colombiana pueden ayudar a esclarecer varios puntos oscuros de la conspiración contra Moïse.

Según la investigación colombiana, Jonathan Rivera García –excapitán, como su hermano– participó a finales del año pasado en una reunión en Miami, en la sede de la empresa CTU Security, la cual se mostró interesada en contratar a exmilitares colombianos para labores de seguridad en Haití. 

En ese encuentro estuvieron, además del excapitán colombiano, el propietario de CTU Security, el venezolano Antonio Intriago; el exmilitar colombiano Arcángel Pretelt, vinculado a esa empresa; el haitiano-estadunidense James Solages, un exinformante de la DEA que participó en el operativo contra el presidente; y Christian Emmanuel Sanon, quien según la policía haitiana fue el líder del complot.

En los últimos meses, Solages, quien figura entre los detenidos por la policía haitiana, llamó varias veces desde Miami a Colombia para coordinar con el excapitán Jonathan Rivera García, con el hermano de éste, Germán, y con el exsargento Duberney Capador Giraldo, los trabajos de reclutamiento.

Jonathan, al parecer, fue quien involucró en esas tareas a su hermano Germán y al exsargento. 

La policía colombiana estableció, además, que el jefe de la unidad de seguridad del Palacio Presidencial haitiano, Dimitri Hérard, quien fue detenido el jueves 15 en Puerto Príncipe, realizó en los últimos meses siete visitas a Colombia –algunas en escala hacia Ecuador– en las que se habría reunido con los hermanos Rivera García y con el exsargento Duberney.

Viajes sospechosos

El pasado 6 de mayo, Dimitri Hérard, quien se encontraba en Bogotá, tomó un vuelo a República Dominicana. Ese mismo día también viajaron a ese país, que comparte con Haití la isla de La Española, los hermanos Rivera García, el sargento en retiro y el expiloto Ronald Ramírez.

Los cuatro colombianos se reunieron ese mismo día en Santo Domingo, la capital dominicana, con un diplomático haitiano que les tramitó las visas que les permitieron volar a Puerto Príncipe el 10 de mayo. 

En la capital haitiana los colombianos fueron alojados por los conspiradores en una casa de seguridad en Petion Ville, un sector de embajadas y residencias de familias acaudaladas en el que se encuentra la vivienda particular de Moïse, en la cual fue asesinado.

En la casa de seguridad, según las investigaciones, los colombianos tuvieron reuniones con varios de los implicados en el complot contra Moïse, entre ellos el exsenador John Joël Joseph y el abogado Joseph Félix Badio, que están prófugos, así como con Sanon. La presencia de primer ministro Joseph en esas reuniones es investigada por una delegación de agentes del FBI que llegó la semana anterior a Puerto Príncipe. 

Cuando Jonathan Rivera y Ronald Ramírez regresaron a Bogotá, tras enterarse de que el nuevo plan era asesinar al presidente, quedaron a cargo de la operación el excapitán Germán Rivera y el exsargento Duberney Capador Giraldo.

Jorge Luis Vargas dijo el jueves 15 que Germán Rivera y Duberney Capador Giraldo “planearon y organizaron” la incursión armada a la residencia de Moïse y fueron los líderes del reclutamiento de los exmilitares colombianos que participaron en el operativo. Aseguró además que fueron 24 militares colombianos en retiro los que viajaron a Haití, la mayoría de los cuales desconocía que el plan era asesinar a Moïse y a su esposa, Martine. 

La policía colombiana constató que 19 de los exmilitares viajaron a Santo Domingo el pasado 4 de junio y dos días después ingresaron por tierra a Haití. 

Los 19 pasajes aéreos fueron adquiridos en Miami con una tarjeta de crédito de la empresa del venezolano Antonio Intriago, CTU Security, que según el acuerdo pagaría entre 2 mil 700 y 3 mil 200 dólares mensuales a los militares en retiro.

Los conspiradores los dotaron en Puerto Príncipe de armas y vehículos que serían utilizados para desempeñar labores de protección de políticos y empresarios y para “defender la democracia”, según una comunicación del exsargento Duberney en el chat de Whatsapp.

La madrugada del miércoles 7 los colombianos y los haitiano-estadunidenses James Solanges y Vincent Joseph arribaron a la casa del presidente haitiano en varias camionetas. 

Solanges advirtió a los vecinos por un megáfono que no salieran de sus casas y que se trataba de una operación de la DEA. 

De acuerdo con Vargas, sólo siete de los colombianos ingresaron a la residencia de Moïse, entre ellos el exteniente coronel Carlos Giovanni Guerrero, el excomando Manuel Grosso y los sargentos en retiro Mauricio Javier Romero y Duberney Capador Giraldo. Estos dos últimos y el exsoldado Miguel Guillermo Garzón habían de morir abatidos horas después por la policía haitiana. 

Afuera de la residencia del presidente permanecieron 17 colombianos para hacer “guardia perimetral”. El excapitán Germán Rivera, quien en los meses previos había recibido transferencias bancarias por unos 50 mil dólares desde Estados Unidos, era uno de ellos.

Martine Moïse, a quien los atacantes creyeron muerta tras impactarla con tres tiros, declaró en Miami –donde se encuentra hospitalizada y bajo resguardo de autoridades estadunidenses– que los asesinos de su esposo hablaban español. 

Según la autopsia practicada al cuerpo del mandatario, este fue torturado antes de ser asesinado. “Le sacaron el ojo izquierdo, tenía una fractura en el fémur izquierdo y le partieron el cráneo de un golpe con objeto contundente cuando estaba acostado de espaldas. Tenía 12 orificios de bala”, señala un informe del juez Carl Henry Destin.

Los atacantes no tocaron a los tres hijos de los Moïse, todos ellos menores de edad, quienes fueron escondidos en un baño por Martine. Ella regresó después a la cama con su esposo, instantes antes de que los asesinos ingresaran a la habitación. 

Los investigadores haitianos están seguros de que los asesinos contaron con la complicidad de los guardias presidenciales, 24 de los cuales están bajo investigación y con medidas cautelares. 

El excoronel John Marulanda, presidente de la Asociación de Oficiales Retirados de las fuerzas militares colombianas, dice a Proceso que en la investigación del magnicidio de Moïse “todavía hay muchos cabos sueltos” que impiden saber qué fue lo que realmente ocurrió, cómo sucedió y quiénes son todos los implicados.

Marulanda cree que la operación contra Moïse “fue una chambonada y fue mal planeada a propósito” con el objetivo de involucrar a los colombianos “como idiotas útiles”. Según el coronel en retiro, “si hubiera sido una operación como las que sabemos hacer en Colombia, a esta hora no se sabría quién lo mató (a Moïse)”.

Una pregunta recurrente en Colombia es por qué los exmilitares no huyeron de Puerto Príncipe inmediatamente después del asesinato. Una de las respuestas que se aventuran es que no lo hicieron porque estaban convencidos de que los confabuladores eran tan poderosos que los protegerían de cualquier investigación, lo cual nunca ocurrió. 

Reportaje publicado el 18 de julio en la edición 2333 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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