Protección Civil

Documentos oficiales advirtieron el peligro: nadie hizo caso... y el Chiquihuite se desgajó

El desgajamiento del cerro del Chiquihuite puso al desnudo la corrupción que impera desde hace décadas en Tlalnepantla. Las advertencias sobre los riesgos latentes datan de hace años, pero nadie hizo nada por atender el problema.
martes, 21 de septiembre de 2021

El desgajamiento del cerro del Chiquihuite puso al desnudo la corrupción que impera desde hace décadas en Tlalnepantla, uno de los municipios mexiquenses más densamente poblados del país. Las advertencias sobre los riesgos latentes datan de hace años, según muestran el Atlas Municipal de Riesgos actual y el Plan de Desarrollo Urbano Municipal; pero nadie hizo nada por atender el problema. Y el viernes 10 hizo crisis; hoy cientos de familias viven en la zozobra y se niegan a dejar sus inmuebles, en los que muchos han vivido durante décadas. Las promesas del gobierno municipal les resultan inciertas.

TLALNEPANTLA, EDOMÉX.– El Atlas Municipal de Riesgos 2018-2021 de esta localidad ya advertía de “asentamientos bajo bloques potencialmente inestables” en dos secciones de la colonia Lázaro Cárdenas, donde se desgajó el Chiquihuite; incluso alertaba que mil personas estaban en riesgo… Nadie hizo nada.

En su edición de abril de 2019 el documento registra el peligro en la zona y da cuenta también de por lo menos tres incidentes y alertas de riesgo en el mismo polígono entre 2015 y 2016. A su vez, el Plan de Desarrollo Urbano del Municipio advierte que medidas como algunos “muros de contención”, que nunca se construyeron, menciona también la existencia de fallas y fracturas en una zona plagada de riesgos para cualquier persona.

Los dos documentos marcan con claridad que la franja de aproximadamente 2 mil 300 metros que comprende la empinada ladera es una zona de “alto riesgo”. Pese a esos avisos, los asentamientos irregulares continuaron proliferando hasta saturar el entorno; se consolidaron colonias densamente pobladas.

Hoy, tras la avalancha de rocas que aplastó al menos cuatro viviendas y colapsó otra decena de ellas el viernes 10, lo que provocó la muerte de dos personas, lesiones en una más y la desaparición de otras dos, la incertidumbre prevalece entre las familias de 141 inmuebles. Las autoridades les piden desalojarlos de inmediato como medida preventiva, ante el riesgo de nuevos deslaves.

¿Pero de qué manera se llegó al caos?

Arturo Chavarría Sánchez, presidente del Colegio de Arquitectos Urbanistas del Estado de México, asegura que las respuestas no son sencillas. Los orígenes del siniestro pasan por la necesidad de la gente, dice, pero sobre todo por los traficantes de tierra, fraccionadores clandestinos, inmobiliarias voraces y políticos corruptos que han convertido los cerros que rodean la zona metropolitana del Valle de México –donde se concentra 70% de la población mexiquense– en auténticas “bombas de tiempo”.

En la actualidad, asegura, al menos cinco municipios de la región tienen apretados asentamientos sobre laderas, zonas minadas, áreas cavernosas, zonas de vías y pasos federal. Son Naucalpan, Ecatepec, Atizapán, Cuautitlán Izcalli y ­Tlalnepantla, donde son previsibles las tragedias si no se atiende la problemática urbana.

Tan sólo en el punto donde se desgajó el cerro del Chiquihuite, precipitando enormes rocas desde una altura de unos 300 metros, sobre los techos de docenas de casas sobrepuestas, viven alrededor de 3 mil 500 personas, cuyo peligro de ser arrastradas o aplastadas por los taludes es elevado, según Chavarría.

Este texto es un adelanto del reportaje publicado en el número 2342 de la edición impresa de Proceso, en circulación desde el 19 de septiembre de 2021.

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