Félida Medina y Mónica Kubli (1)

lunes, 13 de abril de 2020
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Félida Medina murió el 24 de marzo de este año en que iba a cumplir 50 años de su quehacer escénico y docente. Y Mónica Kubli dos días antes, a los 63 años de edad. Dos grandes escenógrafas e iluminadoras de generaciones diferentes: Félida, pionera como mujer escenógrafa en México, alumna de Antonio López Mancera, el cual le heredó su cátedra en 1970 en la hoy Escuela Nacional de Arte Teatral del INBAL (ENAT); y Mónica Kubli, egresada del Centro Universitario de Teatro de la UNAM, alumna de Ludwik Margules y colaboradora entrañable en El Círculo Teatral. Félida Medina, mujer incansable, quien desde su salida de la ENAT siguió especializándose con maestros como Ned A. Browman en iluminación, Ladislav Vichodyl en escenografía y Dorothy E. Marshal en texturización. En la primera etapa de su carrera como escenógrafa e iluminadora trabajó con Julio Castillo en la conocida obra Cementerio de automóviles (1968), y en otras dirigidas por Ignacio Retes, con el cual hizo una mancuerna creativa importante. Realizó la escenografía e iluminación de Los albañiles (1969) y La Carpa (1971) de Vicente Leñero, creando un espacio arquitectónico complejo en la primera y la utilización de proyecciones en la segunda. También trabajó con Retes en La muerte de un viajante (1991), y con Felipe Santander en la icónica El extensionista, que duró muchísimos años en cartelera; sobre ésta Esther Seligson resaltó su trabajo en Proceso en febrero de 1979: “Lo que deslumbra y contribuye a crear la atmósfera de la pieza es la escenografía de Félida Medina, imaginativa, funcional, poética”. En la ENAT, como profesora de asignatura y por muchos años coordinadora de la carrera de Escenografía, guió a gran cantidad de escenógrafos. Félida inició su trabajo en un terreno en el cual las mujeres tácitamente no estaban incluidas. Con su fuerte carácter, su decisión y el convencimiento de su talento –constatado en sus producciones escénicas a lo largo del tiempo–, se fue haciendo campo y, aunque no ha sido reconocida lo suficiente, sus más de 100 propuestas creativas han quedado en la memoria del teatro mexicano por sus grandes aportaciones como escenógrafa, que van desde la simplicidad estética hasta el trabajo en varios niveles escénicos y convenciones teatrales para la simultaneidad de espacios. En la exposición Cinco décadas, 19 escenógrafos (2001), en el Centro Cultural Veracruzano, participó con las maquetas para Cementerio de automóviles, Los albañiles y El extensionista, que sorprendentemente todavía conservaba. También fue significativa, desde los noventa, su lucha por los derechos autorales de los escenógrafos, siendo presidenta de la Sociedad Mexicana de Escenógrafos (Escena). Participó en la formación de la Unión Nacional de Sociedades Autorales (UNSA), convocada en 2003 por la Sogem que presidía Víctor Hugo Rascón Banda, pero no logró conseguir el registro ante Indautor para que los escenógrafos cobraran regalías. En 2013 escribió, defendiendo el diseño escenográfico como actividad productiva, que “la escenografía es un lenguaje plástico visual que interviene en la concepción de los espacios y ambientes que determina significados y sentidos a la acción dramática, al crear, desde un espacio físico establecido, un tiempo y un espacio ficticio, útil y eficaz para la puesta en escena”. Félida Medina fue una de las grandes en la escenografía en el México del siglo XX y así será recordada.

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