“Ayudando a Judith”

Misteriosa liberación. Foto: Alma Muriel Misteriosa liberación. Foto: Alma Muriel

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Tres amigas, tres compañeras de trabajo, tres mujeres que aceptan el reto y emprenden una odisea por la ciudad para ayudar a Judith, quien se encuentra en un grave aprieto por defender su vida. Ella no está, ella se comunica por teléfono, y sabemos de su periplo cuando ellas tratan de reconstruir la historia y de afrontar los obstáculos que se les van presentando para cumplir su objetivo: ayudar a Judith.

Como en Esperando a Godot, Judith nunca aparece, pero se habla mucho se ella. Javier Malpica, el autor de Ayudando a Judith, tiene la habilidad de construir esta tragicomedia a pedazos, con rupturas temporales, y mantenernos intrigados tratando de averiguar qué fue lo que pasó. Es un motor poderoso para el desarrollo de la obra el ocultarnos información e irnos enterando poco a poco de las verdaderas razones que mueven a Sara, Nadia y Fátima, y los secretos o conflictos que cada uno de los personajes vivió o está viviendo.

Importante decisión de la directora Gabriela Ochoa de mantener ese misterio en el concepto escénico, donde sólo tres maletas y una mochila sostienen la interpretación. No hay sangre, ni cuchillos, ni cabezas que nos ilustren por lo que están pasando los personajes; es el espectador el que lo va descubriendo y dándole forma en su imaginación. Un espectador activo que junta las piezas del rompecabezas donde no sólo está fragmentado el desarrollo de la historia, sino que juegan con el ir al pasado, al presente y después a varios futuros para saber en qué acabó la historia de estas cuatro mujeres.

El espectador las acompaña en su intento por deshacerse de un cuerpo oculto en las maletas, y nos solidarizamos con ellas conforme conocemos los hilos implicados. Con unos cuantos elementos nos llevan de un lugar a otro, de una ranchería a una calle a medianoche o a las puertas de una taquería, aunque hubiera sido bueno una mayor variedad entre los cambios de escenas y no sólo el oscuro.

De la mano de la directora, las actrices realizan un trabajo contundente, y las relaciones entre los personajes se dan con profundidad y chispa, al mismo tiempo. Javier Malpica nos hace reír de esta tragedia, y aunque no todos los chistes entran –como es el caso de la prisa intensa y el cantadito de “la carnicera”–, se logra el humor.

Pilar Cerecedo, como Fátima, nos hace reír con su candidez y mordacidad, y Romina Coccio, “la supervisora”, lo hace utilizando esa seriedad cómica y la necesidad de tener todo bajo control y apuntado en su libreta.

Las tres actrices sostienen la tensión dramática y el pimponeo constante entre ellas. Amigas que se entienden pero discuten, que buscan lo mismo pero de diferente manera, que se reclaman pero se quieren y que a pesar de todo se alían. A contracorriente del discurso patriarcal de las mujeres enfrentadas, aquí hay una evidencia clara de lo contrario, además de hacer una crítica a comportamientos o agresiones verbales que se han normalizado y que ellas ya no están dispuestas a aceptar.

A esta obra de intriga le viene muy bien el tono tragicómico que logran tanto el texto, como la dirección y la actuación. Se intuye el involucramiento de narcos, violentadores y un sistema de corrupción que a todos nos toca y afecta.

Ayudando a Judith es un teatro inteligente que se presenta en la Sala B de la Teatrería, los martes hasta el 6 de agosto a las 21 horas, y nos invita a hacer conciencia de la violencia que las mujeres padecemos desde el matrimonio en situación extrema, hasta hoy en día. No duda en evidenciar esos micromachismos que luego no se ven, ponernos alerta y reivindicar que la unión hace la fuerza para ayudar a Judith en su liberación.

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