Verde que te quiero verde

Cartón de Rocha

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La reciente despenalización del aborto en Oaxaca ha sido un notición. Para muchas personas fue una sorpresa, pero no para quienes llevan tiempo acompañando el proceso interno ni para quienes hemos ido observando la labor inteligente y comprometida de las oaxaqueñas. Muchos años de debates y cabildeos han dado fruto. Una votación como la que ocurrió no es casualidad, como tampoco lo es que hayan sido las diputadas de Morena, en oposición a sus compañeros hombres, las que lograron el cambio legislativo. Además, ¡la marea verde de jóvenes con sus pañuelos también llegó a Oaxaca!

Al día siguiente de lo sucedido en Oaxaca, el tuit del gobierno federal se voló la barda: “El #GobiernoDeMexico celebra la decisión tomada por el H. Congreso de Oaxaca. Nuestra democracia se fortalece con la ampliación de derechos y el reconocimiento de la autonomía de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos”.

Cuando lo leí, pensé que esa era una luz verde para los congresos de las otras 30 entidades federativas.

El verde significa, al mismo tiempo, esperanza y ¡adelante! El logo de GIRE desde 1992 es precisamente un círculo verde que alude a esa luz del semáforo que dice ¡siga! Y claro que hay que seguir con los procesos de despenalización, que implican quitar del código penal el aborto y convertirlo en un servicio de salud, tal y como ocurrió en 2007 en la Ciudad de México.

¿Por qué hay que despenalizar el aborto? GIRE denuncia que: “En México cada día una persona es denunciada por aborto. La criminalización del aborto impacta a quienes sufren un aborto espontáneo, tienen un parto fortuito o cursan embarazos no deseados; las sanciones pueden contemplar hasta seis años en prisión”.

Hace unos días, en Animal Político, Georgina Jiménez y Mariana Solano analizaron cinco mitos que circulan acerca del aborto:

Mito 1. Las mujeres que interrumpen su embarazo tienen bajo nivel educativo.

Mito 2: Las mujeres que abortan lo hacen porque no se estaban cuidando y son irresponsables.

Mito 3: La despenalización del aborto genera que las mujeres utilicen el aborto como método anticonceptivo.

Mito 4: Las mujeres que abortan no comprenden el valor de la maternidad.

Mito 5: Las mujeres religiosas no abortan.

No tiene desperdicio el análisis que Jiménez y Solano hacen de cada mito a partir de los datos sobre la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) recabados por la Agencia Digital de Innovación Pública en las clínicas y hospitales de la Secretaría de Salud de la CDMX. Al ir desmontando cada mito, estas investigadoras de Data Cívica ofrecen un panorama bastante claro acerca del perfil de quienes abortan en hospitales públicos.

De las 62 mil 300 mujeres registradas en el periodo de tres años, 62% reside en la CDMX, 31% en el Edomex y 7% en otras entidades federativas.

El 60% son solteras, 26% viven en unión libre, 9% están casadas, 3% están divorciadas y 2%, separadas. La edad de quienes interrumpieron legalmente su embarazo va de 43% de la franja de 24 a 29 años, 34% la de 30 a 44 años, 17% de 45 años o más y 6%, de 18 a 33 años. El 46% tiene una carrera técnica o preparatoria, 29% tiene secundaria, 18% licenciatura y 5% sólo primaria. El perfil va esbozando a jóvenes sin pareja, con una escolaridad superior al promedio.

Me llamó la atención que, en relación al quinto mito, la base de datos arroja que 65% se declaró católica, 31% declaró no tener religión, 2% se asumió creyente y 1%, cristiana.

Como el mayor obstáculo a la despenalización son las creencias religiosas fundamentalistas, resulta notorio ese 31% que declara no tener religión. Y también es elocuente el que, aun asumiéndose católicas, un número considerable de mujeres solicite una interrupción legal del embarazo.

La postura del Vaticano acerca de la despenalización del aborto sigue atravesada por consignas amarillistas que hablan de un “asesinato de inocentes”, sin querer oír lo que la ciencia plantea al respecto; y ni siquiera escuchar las voces de católicos progresistas que plantean una crítica muy bien fundamentada.

Además, parecería que la jerarquía católica no ve la conducta de sus propias fieles ni toma en cuenta que su propio Derecho Canónico acepta atenuantes y excluyentes plenamente vigentes respecto del aborto.

Estas atenuantes y excluyentes permiten deducir que las autoridades eclesiásticas que las elaboraron consideraron que una mujer que recurre al aborto no puede ser condenada siempre.

Lo ocurrido en Oaxaca se va a replicar, tarde o temprano. A la fuerza de la marea verde juvenil, y al compromiso y voluntad política de las diputadas morenistas, se suma también la necesidad de homologar el Código Penal. Ojalá y unificar el tratamiento del aborto en todo el país conduzca a establecer la interrupción segura y gratuita de los embarazos no deseados en los servicios públicos de salud. Y ojalá no se tarden 12 años, como ocurrió entre la despenalización lograda en la CDMX y la que acaba de ocurrir en Oaxaca.

Este análisis se publicó el 13 de octubre de 2019 en la edición 2241 de la revista Proceso

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