"Habitar, pensar, construir..." de Alfonso Mena Pacheco

lunes, 2 de abril de 2018
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La pintura de Alfonso Mena nunca acaba de mirarse. Dedicado durante toda su trayectoria a concebir y materializar el ser de la pintura, en su obra más reciente ha logrado convertir la pintura en un sujeto fascinante que es a la vez imagen, materia, espacio, objeto, simulación y realidad. Compuesta por entes autónomos que se perciben como manchas, improntas, líneas y gestos que se ocultan y develan a través de imperceptibles planos de sutiles transparencias, su pintura se impone con un inquietante lenguaje que, aun cuando parece abstracto, es extrañamente realista. Esta nueva figuración abstracta y matérica, que sobresale inclusive en los escenarios internacionales del arte contemporáneo, se presenta actualmente bajo el título de Habitar, pensar, construir, Alfonso Mena Pacheco, en el Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (Antiguo Palacio del Arzobispado), en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Inspirado en la ontología de la materialidad y el espacio-lugar que desarrolla el filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976) en sus textos La pregunta por la técnica y Construir, habitar, pensar, Alfonso Mena (1961, Ciudad de México), deconstruye y reconstruye técnicas bidimensionales –pintura, dibujo, gráfica y estampa–, integrándolas como entes autónomos en un habitar objetual en el que la abstracción y la expansión bidimensional –collage, relieves, medios compuestos e instalaciones– se conjugan con la figuración tradicional de la trampa de ojo. Acotadas a una paleta de tonos negros, blancos y grises, sus obras, ya sea intervenidas con elegantes encaustos que parecen vulgares trozos de masking tape, con improntas de cera que reproducen retículas de materiales de construcción, o con líneas de plomo que se fusionan con la delicada superficie del vidrio o papeles japoneses, convierten las técnicas y sus materiales en protagonistas que existen porque habitan en su propio espacio de construcción. Sugeridas como metáforas de la actitud contemporánea de habitar y construir –en lugar de ser y habitar para construir, se construye para habitar–, su obra se expande en referencias a planos urbanos que evidencian la destrucción del orden personal y urbano en el que habitamos. Lejana a toda crítica evidente que inhiba el disfrute y curiosidad que provoca la seducción estética y visual de las obras, la exposición, integrada con óleos, objetos, obra gráfica e instalaciones de pequeño y gran formato –una espléndida pieza en la que se fusiona la ficción gráfica del habitar deconstruido con la contundente realidad de las imágenes que reflejan los espejos ubicados en el piso–, es, sin duda, la mejor opción que existe actualmente para ver arte de verdad en la Ciudad de México. Este texto se publicó el 1 de abril de 2018 en la edición 2161 de la revista Proceso.

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