"Opera prima", un reality distinto

viernes, 9 de julio de 2010

MÉXICO, D.F., 9 de julio (Proceso).- hace unos días la pantalla chica se apreció distinta. Hubo quien supuso que se trataba de un concurso más, ejercicio memorístico de por medio, o bien  un reality de ésos donde la emisión toma giros melodramáticos… Pero no, esta vez lo que había era un programa de otra naturaleza, pues por principio de cuentas se trataba de un protagonista inusitado: el bel canto.

Opera prima fue el nombre del ambicioso proyecto con el que a lo largo de casi dos meses Canal 22 dio muestra de que el formato del reality show es capaz de arrojar saldos venturosos, más allá de la encarnizada rivalidad que con frecuencia se entabla entre los participantes de dicho tipo de programas en el ámbito de la televisión comercial. El talento de jóvenes sopranos y tenores cautivó al público, que fue involucrándose crecientemente con los secretos y exigencias del ejercicio operístico (desempeño escénico, calidad vocal, musicalidad, afinación, entre otras).

A partir de un proyecto que cuidó todo detalle –desde la convocatoria presentada al público, hasta la intensa preparación para los concursantes, pasando por una pulida producción que incluso aportó subtítulos en español para la comprensión de las arias–, la apuesta del 22 devino en una muestra de la creatividad de la cual es capaz la televisión cultural mexicana, con todo y sus exiguos recursos para producir (por ejemplo, para 2010 se asignó al canal un presupuesto de 194 millones 470 mil pesos, cuando el precio de una sola cámara de televisión digital es de más de 1 millón).

Puede decirse que han sido varias las ganancias conseguidas por Opera prima desde su puesta en marcha. Quizá una de las más rescatables haya sido la de haber encontrado un inédito gusto de las audiencias por las piezas operísticas  (muchas de ellas, por cierto, de difícil ejecución y salvadas por talentosas voces), y con ello reconocer un nicho de audiencia con interesante potencial.

Asimismo, fue de llamar la atención la nutrida respuesta del público a la invitación de participar en el proceso de selección de triunfador, tanto vía la posibilidad de votar enviando mensajes con el teléfono celular (SMS), o bien mediante el portal del programa en internet para elegir en la emisión final del 27 de junio lo que se denominó “El premio del público”, galardón paralelo al otorgado por un jurado calificador con especialistas en la materia.

En la búsqueda por construir una programación distintiva para la televisión cultural, Opera prima vino a ser una saludable propuesta. No obstante, éste y otros valiosos proyectos del joven 22 –el cual, como se recuerda, surgió como canal cultural el 23 de junio de 1993 en el contexto de la venta del denominado “paquete de los medios estatales” y a partir de la solicitud de un amplio grupo de intelectuales al gobierno en turno–, se generan en medio de la persistente y sintomática ausencia de una política de Estado para los medios no lucrativos.

A ello se suma la falta de una regulación específica para el abanico de emisoras de radio y Tv integrantes de este sector, que subsiste entre la vulnerabilidad financiera y la incertidumbre de su sobrevivencia ante el ineludible tránsito hacia los escenarios digitales, pero sin los recursos suficientes. Éstos y otros factores continúan dificultando a la televisión cultural del país dar pasos adelante para convertirse en una contundente alternativa frente a las dos grandes cadenas televisivas comerciales.