Ángeles Solano y "Me doy de alta"

jueves, 25 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Poeta apasionada que comenzaba a despuntar como una sólida promesa en las letras mexicanas, Ángeles Solano ya no alcanzó a ver cumplido uno de sus sueños más caros: encabezar la presentación y lectura de su primer poemario, Me doy de alta. Pero el libro, con texto introductorio del poeta Enrique González Rojo, circula desde hace cinco meses en una coedición de la Universidad de Londres y Cofradía de Coyotes. Solano falleció el pasado 25 de julio a raíz de una insuficiencia hepática. Nacida en el Distrito Federal en 1953, durante más de 20 años fue promotora cultural en la delegación Tlalpan y su formación artística inicial se fraguó en la danza, el canto y la actuación. Mujer cuya alegría, templanza y sentido del humor fueron las mejores herencias de una niñez y juventud plagadas de necesidades y privaciones, ella solía decir que un artista no podrá estar completo nunca si no abreva en la poesía, y mucho menos si no es capaz de hablarse de tú con el dolor… Tomados del poema que da título a su libro, los versos siguientes son una autopresentación sin máscara: Soy mancha negra de mal incurable marca en la piel de inmaculada estirpe Soy el pie asentándose en el cuello del [pasado huesos para la hoguera de la inquisición [que me circunda Y he ahí la razón por la que Ángeles Solano llegó a la poesía en los años setenta: porque en ella encontró novedosos caminos de realización como creadora; pero sobre todo porque, partiendo del dolor sublimado como experiencia espiritual, y desde luego como experiencia estética, descubrió las claves que la catapultaron hacia una vida de autoconocimiento más plena, lo cual supone la oportunidad de reconciliación con todos, con el todo… Soy la mitad del plan más alto parte creadora piedra angular en la estructura del [infierno La contracción más dolorosa en la [historia de los míos “Cuando se escriba una verdadera historia de la poesía contemporánea en nuestro país –y también, si se quiere hablar de un género solo, de la pergeñada por mujeres– no se podrá dejar en el olvido” este libro, anota González Rojo, quien hace énfasis en “la calidez, el lirismo, el savoir faire técnico y la ambiciosa imaginación de la poeta”. El autor de Para deletrear el infinito y de por lo menos otros 30 libros, fundamentalmente de poesía, ganador en 1976 del Premio Villaurrutia, observa que al “darse de alta” Ángeles Solano se ubica en la tendencia de la poesía “optimista, analépsica”, que en el caso del tránsito de la salud a la enfermedad y viceversa “vive el mal en vías de superación desde la salud que está por reiniciarse”. Prosigue González Rojo en su análisis introductorio: “Hoy me contemplo en mis ampollas, dice (la poeta). No se mira en el espejo, ni clava la vista en las partes sanas de su cuerpo que respetó la dolencia. ‘Yo soy mis llagas’, parece murmurarnos. Pero el sufrimiento, una vez experimentado, hace crecer y ennoblece al cuerpo que lo ha padecido: Hoy descubrí que ha embellecido la cicatriz sobre mi frente…” Y Ángeles concluye, una vez que ha “terminado de parirse”: Hoy me restablecí. Me doy de alta. Al igual que el propio González Rojo, Ángeles aborrecía las mafias literarias mexicanas, responsables en diferentes momentos de los retrasos en la publicación de su obra y tan características por su autocomplacencia, hipocresía e impostaciones estéticas. Formada en los talleres literarios de Agustín Monsreal, Juan Bañuelos y Guillermo Rousset Banda, siempre tuvo claro que antes de lanzarse a la creación del verso blanco debía pasar por los rigores de la métrica. Dentro de sus parámetros poéticos, Solano consideraba que la poesía, para ser tal, tenía que conmover, de ahí que no se sintiera seducida por los poemas cerrados, crípticos o demasiado calculados, producto de trapecismos lingüístico-intelectuales. Amaba la poesía “abierta”, declarativa, sincera; la que intenta llegar a todos, como en su “A los otros y a los míos”: Me acuso de no haber sido suficiente para hundirme a profundidad en el agua ni en el lodo el amor o la ignominia ni siquiera en el resentimiento… Y como en “Palacio de pioneros”: Amo profundamente mis vivencias y sé muy bien lo que merezco Por ello pido por favor a quienes tenga cerca para cuando mis días se acaben Que me ayuden a estar viva en el mismo instante en que muera La presentación-homenaje dedicada a Ángeles Solano y su poemario, ilustrado con acuarelas de Gabriela de la Vega y Edith Martínez del Campo, se realizará a las 19:00 horas del jueves 25 de agosto en el Salón de los Espejos (Orizaba 139, esquina Guanajuato). En el acto participarán los escritores Enrique González Rojo, Bernarda Solís, Federico Patán y Agustín Monsreal, con lecturas de Gabriela de la Vega, Alexandra Martínez y Joyce Alejandro Pérez Solano, hijo de la poeta.