Tokio 2020

Aremi Fuentes, la fuerza de la insistencia

Aremi Fuentes es la representante mexicana en la categoría de 76 kilos en halterofilia. Desde niña practica deporte por la necesidad de saber qué se siente ganar. El dolor nos hace más fuertes”, dice cuando habla sobre sus dolencias y su capacidad para controlarlas.
domingo, 1 de agosto de 2021

Aremi Fuentes es la representante mexicana en la categoría de 76 kilos en halterofilia. Desde niña practica deporte por la necesidad de saber qué se siente ganar. Ahora, en la antesala de los Juegos Olímpicos, esta joven –acosada por las lesiones– enfrentará a rivales que ya conoce y ha vencido. “El dolor nos hace más fuertes”, dice cuando habla sobre sus dolencias y su capacidad para controlarlas.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Aremi Fuentes se convirtió en halterista a fuerza de la insistencia del entrenador cubano Roberto Moreno. Ella ni sabía de ese deporte; practicaba atletismo en su natal Tonalá, Chiapas, con la finalidad de correr más fuerte que las demás niñas y algún día subirse a un podio. Alucinaba con la idea de representar a su estado, ganar una carrera y saber lo que siente ser premiada. 

Fue una bebé prematura que creció sin tener la misma capacidad física que otras niñas de su edad. Por recomendación médica tenía que hacer ejercicio. Su papá la llevó a la ciudad deportiva de su pueblo. Le dijo que si quería ganar, tenía que ser más rápida que aquellas chiquillas que estaban en la pista a punto de correr los 200 metros. 

Aremi nunca había corrido, se coló a la pista, aceleró y venció a todas. Los entrenadores no podían creerlo. ‘¿Tú quién eres?’, ‘¿Quién te entrena?’. Así empezó su efímera carrera de velocista. La realidad le asestó varios golpes cada vez que en los campeonatos nacionales se enfrentaba a las norteñas, altas y de piernas largas; de dos zancadas la superaban. Así no subiría nunca a un podio, pensó.

El entrenador Moreno ya rondaba a Aremi Fuentes. La invitó a un control técnico de levantamiento de pesas y le recomendó cambiar de deporte. El cubano fue bien claro: “No tienes cualidades para atletismo, y aquí vas a poder explotar”. La niña de entonces 11 años le creyó y corrió a pedirle permiso a sus padres. Ya había encontrado la disciplina en la que, por fin, subiría a un podio. 

“Me tiraron de a loca, me dijeron que yo tenía que hacer atletismo, que me iba a poner como niño y me iba a lastimar con las pesas. Ese entrenador me estuvo insistiendo como dos años. Le rogué a mis papás: ‘Por favor, déjenme entrar a halterofilia, el entrenador dice que voy a ser multimedallista’. Me tiraron de a loca otra vez hasta que mi papá me dio luz verde. 

“Yo tampoco quería estar en halterofilia, la practiqué sólo porque me dijeron que sería medallista. Yo quería experimentar qué se siente subir al podio porque no lo logré en atletismo”, recuerda Fuentes.

Aremi tenía ya 13 años cuando sus pies tocaron una tarima por primera vez. Como todo halterista principiante, lo primero es “hacer sombra” con un palo de escoba. Así se aprende la técnica del levantamiento de pesas. Era chaparrita y flaca, pero tan fuerte que a la semana dejó el palo y ya levantaba la barra de 15 kilos y dominaba la técnica del arranque en la que cargaba 30 más.

“Era una niña fuerte por naturaleza, me salía muy natural la técnica. No sentía nada por este deporte, mucho menos amor. A los seis meses fui a la Olimpiada Nacional y gané la medalla que quería y subí al podio. Me regresé a mi pueblo a seguir en el atletismo.” 

Fragmento del reportaje publicado en la edición 2335 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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