Bin Laden y la venganza al estilo cowboy

martes, 17 de mayo de 2011
MÉXICO, DF, 17 de mayo (apro).- El 11 de mayo anterior, la revista Time colocó su quinta cruz de color rojo sobre el rostro del más reciente enemigo de Estados Unidos: Osama Bin Laden. Time ya había colocado el tache rojo en la cara de Adolf Hitler, en la bandera japonesa tras el lanzamiento de la bomba nuclear de Hiroshima, en el rostro del dictador iraquí Sadam Hussein, del combatiente de Al-Qaeda en Iraq, Abu Al-Zarqawi, y ahora lo hace tras el asesinato de Bin Laden. De acuerdo con expertos consultados por Apro, la actitud que han tomado los medios de comunicación estadunidenses, su gobierno y algunos ciudadanos tras la muerte del fundador de Al-Qaeda, es una muestra de los prejuicios que existen todavía contra los pueblos del Medio Oriente. Michael Marten, experto en colonialismo europeo enfocado al Medio Oriente de la Universidad de Stirling, Escocia, explica esta afirmación: “La visión que los medios de comunicación y el gobierno de Estados Unidos tienen sobre la muerte de Bin Laden se base en buena medida en una visión racista del mundo acuñada en el siglo XIX”. Durante el siglo XIX —explica el experto— los europeos crearon una perspectiva que supone una división cultural, civilizatoria y tecnológica entre Occidente y las culturas extranjeras no sólo de Medio Oriente, sino también de África y Sudamérica. “Esta visión es muy similar a la de hoy”, dice Marten, pues “con el llamado choque de civilizaciones se ha restablecido esta visión sobre una supuesta diferencia entre culturas superiores e inferiores”. Los titulares que los medios estadunidenses lanzaron un día después de la muerte de Bin Laden lo muestran como una presa de cacería: “We got the bastard (Atrapamos al bastardo)”, escribieron los editores de The Daily News en la tercera página de su edición del 2 de mayo. La portada decía “Rot in Hell (Púdrete en el infierno)”. “Bin Bagged (juego de palabras que significa Bin metido en una bolsa)”, publicó en su encabezado el periódico británico The Sun, propiedad del magnate Rupert Murdoch. Como sumario de la nota escribieron: “Cazado en lujosa guarida. Usó a su esposa como escudo”. “Cobarde hasta el final”, publicó el Daily Express, otro periódico del Reino Unido, y acompañó el encabezado con la aseveración: “Diez años de cacería humana”. “Hay que analizar el lenguaje, a las personas no se les caza”, denuncia Marten, y resalta que “es difícil celebrar la muerte de cualquier persona. Es algo que no debería ser celebrado”. Añade: “En el 2001, cuando los ataques contra las Torres Gemelas, hubo celebraciones en algunos países y Estados Unidos las condenó. Pero ahora, cuando este sujeto muere en su ataque, América celebra el asesinato”. Frenesí de patriotismo Deepa Kumar, experta en medios, imperialismo e islamofobia en la Universidad de Rutgers de Nueva Yersey, declara a Apro que la muerte de Bin Laden desató un “frenesí de patriotismo” que reforzó la mentalidad de “nosotros contra ellos” que Estados Unidos ha mantenido desde el 11 de septiembre de 2001. La experta, además, dice que esta mentalidad no sólo se mantiene gracias a los medios de comunicación, sino que se hizo política oficial del gobierno cuando Obama declaró: “Ahora se recuerda que como nación no hay nada que no podamos hacer”. Esto significa, según la experta, que el gobierno de Estados Unidos puede ir a cualquier lado del mundo para asesinar a cualquiera si lo escoge, o de la misma manera, bombardear y ocupar cualquier país que desafíe sus intereses, por lo que nadie puede cuestionar la legalidad de su entrada a Pakistán (el secretario de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, dijo el 11 de mayo sentirse “tranquilo” por la operación militar). La experta destacó también la presencia de miembros del conservadurismo tradicional estadunidense en el gabinete de Obama, como Robert Gates, cabeza de la CIA durante Ronald Reagan y miembro del gabinete de Bush padre. “Así se demuestra”, opina la experta, “que la política exterior de Estados Unidos no es asunto de qué partido político gobierne, ya que se mueve por intereses económicos y políticos”. Y resalta: “Es además irónico que el lenguaje de cowboy de lo queremos vivo o muerto asociado con Bush es ahora parte del régimen de Obama”. En este sentido, Obama dijo para el noticiero 60 Minutos, durante la primera entrevista que dio después de la muerte de Bin Laden, que cualquiera que piense que el autor intelectual de un asesinato masivo en suelo americano no se merece lo que Bin Laden obtuvo, “debe examinarse la cabeza”. Sin embargo, Noam Chomsky, lingüista, activista político y catedrático del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), escribió el 6 de mayo para la revista de arte y política Guernica que la muerte de Bin Laden violó las leyes más elementales del derecho internacional y que en cualquier país que tenga un mínimo respeto por la ley, los sospechosos son aprehendidos y llevados ante un tribunal. El hijo de Osama, Omar Bin Laden, dijo el 11 de mayo que su padre debió ser enjuiciado y responder por sus crímenes como pasó con Sadam Hussein, con Slovodan Milosevic, e incluso con los criminales de guerra nazis, y no asesinado “sumariamente”. “El hecho de decir que la muerte se requiere, hace que uno piense que todo puede ser requerido”, dice Michael Marten, entonces “esto es ya un asunto de venganza y no de justicia”. Deepa Kumar considera que el debate sobre la legalidad o no de la muerte de Bin Laden y el racismo de los medios de comunicación no le importa al público estadunidense. “Muchas personas que celebran no les importa esto, ellos simplemente ven al chico malo vencido”, explica. Asimismo, Marten piensa que los mensajes de Obama y de los medios de comunicación están mucho más enfocados al público interno de Estados Unidos y se promueven mediante sus medios tradicionales, como el New York Times y el Washington Post. Además, a raíz de la muerte de Bin Laden, la popularidad del presidente Obama subió 9 puntos, reportó el Washington Post. Esto ya se veía venir desde que, en la celebración hecha en Nueva York, las pancartas de la fiesta le daban la alegre victoria a su presidente como si se tratara de un juego de futbol: “Obama: 1, Osama: 0”. Choque de civilizaciones El Choque de civilizaciones es un libro escrito por el politólogo neoconservador Samuel Huntington en 1996, cuyo argumento se basa en el supuesto de que, tras el choque ideológico que supuso la Guerra Fría, el mundo regresaría a su “estado natural” de choque entre culturas. El choque de civilizaciones es una respuesta al libro de 1992 de Francis Fukuyama, El fin de la historia y el último hombre, en donde se decreta el fin del conflicto ideológico en el mundo y el triunfo de la economía y la política liberal. Desde que el Choque de civilizaciones salió al público recibió numerosas críticas. Con un artículo llamado El choque de la ignorancia, que se publicó justo después del ataque contra las Torres Gemelas, el crítico y teórico palestino Edward Said explica que la verdadera característica de las culturas es la interdependencia y la interacción, no las categorías prediseñadas sin sustento histórico que presenta Huntington. Para Said, el choque de civilizaciones no es más que la oposición de la Guerra Fría pero reformulada. Y así ha persistido insidiosamente desde el 11-S. “El cuidadosamente planeado y patológicamente motivado ataque suicida y asesinato en masa por un grupo de militantes degenerados se convirtió en prueba de la tesis de Huntington”, dice Said en El choque de la ignorancia. Said explica que en vez de ver lo que fue el 11 de septiembre de 2001, “la captura de dos aviones por una pequeña banda de fanáticos para propósitos criminales”, personajes internacionales como el premier italiano Silvio Berlusconi crearon una liga entre terror e Islam, y presumieron la supuesta superioridad de Occidente sobre Oriente, o como lo dijo Berlusconi: “Nosotros tenemos a Mozart, a Miguel Ángel; y ellos no”. En su artículo, Said se pregunta la razón por la cual Osama Bin Laden y Al-Qaeda no fueron tratados como los fanáticos suicidas en Guyana de Jim Jones, o como la secta asesina de Shoko Asahara, que lanzó gas sarín al metro de Tokyo en 1995. Y aclara: “La tesis del choque de civilizaciones es un truco de ficción como la Guerra de los mundos, que sirve más para reforzar el orgullo de autodefensa que para tener un entendimiento crítico de la desconcertante interdependencia de nuestro tiempo”. La teoría del choque de civilizaciones se mantuvo sólo entre los círculos de teóricos y politólogos hasta el 11 de septiembre de 2001, cuando cobró relevancia como política exterior y se creó el concepto de la Guerra contra el terror. Entonces, grupos de ultraderecha comenzaron a explotar la idea la incompatibilidad de civilizaciones y crearon círculos xenófobos antiinmigrantes en Europa, como el de Gert Wilders, en Holanda; Oskar Freysinger, en Suiza y, recientemente, el pastor Terry Jones, de Estados Unidos. De acuerdo con Marten, la figura de Bin Laden cobra aquí una gran importancia al fungir el papel de “superterrorista” que le otorgaron las administraciones de Clinton, Bush y Obama. El artículo: Cuando Osama se transformó en Sadam: orígenes y consecuencias del cambio del enemigo público número 1 de América del 2003, explica cómo Bin Laden se convirtió en el principal “enemigo” pronunciado en los discursos del presidente George Bush entre septiembre y diciembre del 2001. De enero a febrero del siguiente año, se articuló el discurso del “Eje del mal”, y en abril de ese año, sorpresivamente —dice el estudio— Sadam Hussein apareció en los discursos de Bush como el principal enemigo (aunque no reemplazó por completo a Bin Laden), pero sí preparó el terreno de la opinión pública para la invasión de Irak. Obama ganó las elecciones presidenciales con la promesa emitida en marzo de 2008 de retirar las tropas estadunidenses de Irak. Pero en 2009, ya convertido en presidente, decidió reforzar el frente de Afganistán con 30 mil efectivos más, además de que mandó bombardear Yemen y Somalia el 23 diciembre del mismo año, tres meses después de que recibió el Nobel de la Paz. El propio exasesor de seguridad de Obama, el general James L. Jones, declaró justo después del famoso discurso de Obama en El Cairo en 2009 que se encontraban envueltos en “un choque de civilizaciones. Un choque de religiones. Un choque de formas de vida”. “Así, Obama ha mostrado que está igual de comprometido con la guerra contra el terror que Bush”, concluye Deepa Kumar. Ausente en la primavera Sin embargo, los cambios que han introducido los levantamientos populares árabes del 2011 ponen ya en entredicho la validez de estos prejuicios y, más aún, de la intervención estadunidense en la región, pues durante los levantamientos populares de Túnez y Egipto, la libertad y la democracia fueron los principales anhelos y no las ideas de Bin Laden, dice Marten. “Bin Laden no los promovió, no son sus herramientas. Cuando vino la primavera árabe él no supo qué hacer, tampoco sus seguidores”, explica. El estudio del Pew Research Center de Washington: Osama Bin Laden, ampliamente desacreditado entre el público musulmán en los últimos años, publicado el pasado 2 de mayo, mostraba que 18% de los paquistaníes tenían confianza en Bin Laden; el 14% de los jordanos, 3% de los turcos y 0% de los libaneses en el 2010. El activista palestino Jaled Harub escribió para el diario Al Ayaam un artículo titulado Las revoluciones árabes acaban con el discurso de Al-Qaeda, en que habla de un nuevo escenario político para la región: “La violencia de Al-Qaeda se ha quedado sin justificación al haber sido desmontada por las revoluciones pacíficas de Túnez y de Egipto, poniendo al descubierto la fragilidad de una región basada en coyunturas sobre las que los regímenes se sustentan para utilizar la violencia contra sus pueblos”. El artículo explica que los lemas de las revoluciones árabes son la libertad, la dignidad y la participación política anhelada por los jóvenes que rechazan “la lógica de Al-Qaeda de que la regla de relación de los musulmanes con los no musulmanes es la guerra y el resto es la excepción”. Para Kumar, la primavera árabe ha hecho mucho para dispersar los mitos del choque de civilizaciones, y debieron confundir a los comentaristas occidentales enraizados en ideas prejuiciosas sobre los países musulmanes. “El éxito en Egipto y Túnez marginalizó el ala extremista del movimiento islamista porque enseñó que en vez de las acciones violentas, lo que puede triunfar para derrocar a los dictadores odiados son las acciones de masa de las personas ordinarias”. Los Hermanos Musulmanes de Egipto dijeron el 2 de mayo que con la muerte de Bin Laden ha desaparecido uno de los motivos de la violencia en el mundo. Por esa razón pidieron a Estados Unidos y la OTAN retirarse de Afganistán e Irak y reconocer los derechos del pueblo palestino. Asimismo, hicieron un llamado al "mundo en general, y a los pueblos y los gobiernos del mundo occidental, en particular, a que dejen de relacionar el Islam con el terrorismo, y a que corrijan la imagen errónea del Islam" Así, la muerte del fundador de Al-Qaeda se convirtió en lo que el diario irlandés Belfast telegraph, tildó como: “Death of the bogeyman (La muerte del coco)”. Sin embargo, a pesar de la primavera árabe, la experta Kumar explica que la “guerra contra el terrorismo” no se detendrá. “Bin Laden era una figura que podía ser usada para movilizar una gran agenda imperial. Así que hay que tener enemigos en contra de quien enfocar la guerra”, cree Kumar, y “Estados Unidos, por supuesto, tiene más personas en la lista y dentro de la retórica de las redes del terror está bien establecida, lo suficiente para que pueda continuar su guerra”. Michael Marten explica que Bin Laden fue el ejemplo de cómo “el enemigo, la amenaza comunista”, fue reemplazada por “la amenaza verde islámica”. “Por eso no será sorprendente que pronto se vea un nuevo enemigo”, advierte. Y es que el informe Liderazgo de Al-Qaeda en Yemen de la agencia de inteligencia global Stratfor destacó, el 12 de marzo, sobre las nuevas posibilidades de relevo de Bin Laden (entre ellos el yemení Anwar al-Awlakim y también suena el nombre del egipcio Ayman al Zawahiri), precisamente en un país cuyo gobierno está apoyado por Estados Unidos y que se debate entre sangrientas protestas antigubernamentales, o en otro que apenas organiza su reciente revolución. Así, el choque de civilizaciones y la guerra contra el terror no acabarán mientras que, como escribe Michael Marten en su artículo del 2 de mayo, El final del principio del choque de civilizaciones: “… no tomemos la decisión de subvertir el paradigma dominante propagado por aquellos que determinan la política exterior de nuestros países. Mientras eso pase, esto sólo será el fin del principio, en vez del principio del final del choque de civilizaciones”.

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