Cuadernos del Cenidiap

lunes, 26 de mayo de 2008
México, D F, 26 de mayo (apro)- Como una alternativa de publicación, difusión y comunicación de los trabajos de investigación que realizan investigadores del Centro Nacional de Investigación Documentación e Información de Artes Plásticas, se creó la colección de ensayos Abrevian Según la información oficial, es "una propuesta que busca tender un puente comunicativo entre artistas, críticos, investigadores y público de las artes" Se trata de publicaciones de pequeño formato, con menos de una treintena de páginas, en las que los investigadores dan a conocer una síntesis de los trabajos que han realizado, pero se supone que deben aportar "elementos para la polémica" y "definir juntos espacios para el debate porque es ahí donde la investigación, la teoría y la creación se reformulan y aprehenden" Cuatro de los títulos de esta colección, coeditada por Estampa Artes Gráficas, el Programa de Apoyo a la Docencia, Investigación y Difusión de las Artes, y el propio Cenidiap, son: --El encanto de Kati Horna, de Alicia Sánchez Mejorada --Taller de Grabado del Molino de Santo Domingo, de María Eugenia Garmendia Carvajal --El Frente Nacional de Artes Pláticas (1952-1962), de Guillermina U Guadarrama Peña --Desde "El intervalo perdido": Gillo Dorfles como pre-texto, de Eréndira Meléndez Torres Cada uno de los autores se aproxima a su tema o al personaje que estudia de distinta manera Sánchez Mejorada relata la fascinación que sentía la fotógrafa Kati Horna por los objetos que le eran "como los juguetes a un niño: presencias prodigiosas y necesarias", por lo cotidiano, los museos, la arquitectura, al grado de que hasta los alimentos y utensilios de cocina "cobraban vida para su lente fotográfico" Horna no trabajaba por foto --explica la investigadora-- sino por series, por encargo Y muchos eran los artistas plásticos y arquitectos que le encomendaban el registro fotográfico de sus obras Se consigna un relato de la propia fotógrafa, en el que cuenta que confiaban "en mi sensibilidad y en mi paciencia, ya que siempre di el tiempo necesario para captar sus obras, sin calcular el tiempo para planear el trabajo, ni el material que me llevaba" Garmendia consigna en su volumen la historia del Taller de Grabado del Molino de Santo Domingo, con base en entrevistas con los maestros Octavio Bajonero y José Lazcarro, así como con artistas y alumnos del taller instalado de 1969 a 1980 en el primer molino de trigo de América, construido en Tacubaya en el siglo XVII A decir de la investigadora, el taller se insertó en los años setenta del siglo pasado en un proceso de renovación y auge del grabado que se dio en varios países, incluido México Por tanto, dice, su creación no fue por azar, "obedeció al interés internacional que se estaba gestando por el grabado" Ahora, concluye, "es difícil que vuelvan a darse las condiciones para que surja un lugar de igual importancia", y del Taller del Molino sólo queda "la fachada, el jardín y la fuente", aunque hay un estudio en homenaje a José Ángel Ceniceros quien, junto con Miguel Álvarez Acosta, fundó el taller También con una perspectiva histórica, Guadarrama se aproxima al estudio del Frente Nacional de Artes Plásticas, al que califica como el "colectivo de colectivos", que se propuso la construcción de un proyecto cultural "de grandes dimensiones" para "mejorar las condiciones económicas de los creadores, en especial de los jóvenes que carecían de difusión y apoyo en un país donde no había suficiente mercado para la obra artística y el mayor mecenas era el Estado" El taller surge en 1952, justo con la llamada "Ruptura", pero se distinguía de ésta en varias cuestiones, entre ellas que propugnaba por la unión entre la izquierda y la "burguesía progresista" Entonces, cuenta Guadarrama, el gobierno de Miguel Alemán se alejaba de los postulados de la Revolución mexicana, expresados artísticamente en el nacionalismo Entonces, se asociaba el figurativismo con el anquilosamiento plástico, pero también con el comunismo, una idea que, a decir del pintor José Chávez Morado, impulsaban el marcatismo y la Organización de Estados Americanos (OEA) a través de la Unión Panamericana El último volumen, de Meléndez Torres, no está dedicado a ninguna corriente, movimiento o artista plástico Trata más bien del crítico Gillo Dorfles, y su trabajo como "pintor dedicado a la teoría incansable degustador de obra artística y estética" La idea de lanzar esta serie de cuadernos es de Eréndira Meléndez Torres y Marco Vinicio Barrera Castillo

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