San Gregorio, vivir entre los escombros

jueves, 20 de septiembre de 2018
[gallery ids="551668,551678,551666,551661,551656,551674,551669,551677,551679,551675,551672,551659,551665,551664,551673,551676,551657,551662"] CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Una ligera capa de polvo cubre los brazos de los habitantes de San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, quienes desde hace un año, debido al sismo, sólo han recibido apoyo a cuentagotas. En la plaza principal de San Gregorio las ruinas permanecen: montículos de piedras están amontonados como si se tratara de un ritual apotropáico. Un Cristo roto vigila a una pareja que come una paleta de jícama con chile. El campanario de la parroquia está cubierto con una lona. San Gregorio es un terregal de casas con varillas en las azoteas en espera de otro piso hacia arriba. Donde antes había un edificio –derrumbado por el sismo– se encuentra una excavadora varada entre la hierba rebelde que creció en el predio, ahora envuelto en malla ciclónica. Donde antes había pavimento hay plastas de lodo. Las marcas de los daños son jeroglíficos en los callejones de San Gregorio. Una barda quebrada por la mitad advierte peligro. “No tirar escombros”, se lee en la fachada de varias casas que ahora son esqueletos abandonados. Teisy Saavedra, de 41 años, asegura que vive espantada. “Se nos cayó el baño encima”, cuenta. “Lo tapamos con nailon en lo que vamos juntando para reconstruirlo, ni hemos cotizado”, asegura. Pasaron tres meses para que ella abandonara el sonsonete del derrumbe, de la alarma sísmica. “Con el tiempo tenemos que aprender a vivir y ya se nos está olvidando un poquito. Ahora vivo de prestado con mi hermana, yo tengo que construir mi casa de nuevo”, dice. Ismael Santana, de 47 años, está encima de las ruinas de la casa de su madre. “Los trabajos de reconstrucción todavía no concluyen, es bastante lo que falta por hacer. Aquí vivían dos personas. Mi hermana tramitó un crédito del INVI, por recomendación la demolieron, para levantar de nuevo”, explica. “Mi mamá, mi hermano y mi hermana no tenían otro lugar para ir, ahora ellos viven en mi casa. Nos acomodamos. Donde vivían tres ahora viven seis. Esta casa –ahora sin paredes– es el trabajo de toda su vida”, cuenta resignado. En San Gregorio, los trabajos de reconstrucción apenas comienzan, un año después del sismo.

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