migrantes

Omar intentó llegar a EU, pero desapareció en zona controlada por los cárteles en Ojinaga, Chihuahua

El pasado 2 de diciembre cumplió 30 días de desaparecido y también 20 años de edad. Se trata del mismo radio donde, un mes antes que él, 13 migrantes de Durango fueron presuntamente raptados por un comando armado.
martes, 7 de diciembre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Omar había sobrevivido por días en el desierto que intentaba cruzar para ir a Estados Unidos, pero al llegar a la frontera de Ojinaga, Chihuahua, desapareció, sin rastro alguno. 

Se trata del mismo radio donde, un mes antes que él, 13 migrantes de Durango fueron presuntamente raptados por un comando armado; una zona disputada por cárteles del narcotráfico.  

“No sabemos nada de él. Nada se ha localizado. No hay ni rastro de él”, dice Sheila Arias, tía de Omar Reyes López, que partió de San Salvador, Hidalgo, zona árida expulsora de migrantes, ubicada en el Valle del Mezquital. El 2 de diciembre cumplió 30 días de desaparecido y también 20 años de edad.  

Por las circunstancias del caso, la familia de Omar hizo una alianza con parientes de 13 migrantes que fueron interceptados por un grupo armado el 25 de septiembre, justo en una zona de influencia de La Línea o Nuevo Cártel de Juárez, así como el ala del cártel de Sinaloa, de acuerdo con informes de inteligencia federal. 

“Ellos también iban a cruzar a Estados Unidos y en ese punto desaparecieron. Entonces estamos buscando a Omar, pero también nos faltan 13 más. En este momento la Fiscalía tiene un operativo para localizar a los 14, de los que no hay ni rastro. No se sabe nada. Como si la tierra se los hubiera tragado”, reclama Sheila. 

La familia de Omar, que estará la próxima semana en Ciudad Juárez para tener un encuentro con la Fiscalía de Chihuahua, reitera “que vamos a buscarlo toda la vida, de ser necesario; que nunca pararemos”, y exigen a la autoridad “que si no está en el desierto ni por aire lo ubican, que empiecen a catear casas, que empiecen las denuncias anónimas, que lo busquen”, en referencia a información de la que se han allegado por la alianza con los familiares de los 13 desaparecidos sobre casas de seguridad donde los cárteles resguardan migrantes, y también por datos que han hecho llegar supuestos polleros que dicen conocer las circunstancias criminales de aquella frontera. 

“Ciudad Juárez está llena de lugares donde guardan migrantes y ellos lo saben. Que empiecen a buscar en esos lugares donde ellos saben que guardan migrantes. Hay ranchos en los que se dedican a guardar migrantes, entonces, que sea ahí (donde busquen)”, pide. 

También, demandan que el delito se reclasifique por desaparición forzada, para ampliar las posibilidades y recursos de búsqueda. 

La desaparición 

Cuando partió de San Salvador, Omar, de complexión robusta y estatura de 1.75, tenía 19 años. Vivía con sus abuelos, a quienes ayudaba a sembrar tomate y chile. Gran parte de sus saberes los aprendió en el campo, porque la debilidad visual que padece no le permitió estudiar más allá de la secundaria y con dificultad podía leer y escribir.  

“Salió con un primo y con otros grupos. Su intensión y su sueño, como el de muchos, era ir a Estados Unidos desde hace un tiempo y él vio la posibilidad, se presentó la oportunidad y se fue”, cuenta Sheila. 

El 2 de noviembre cruzó con todas las demás personas y ahí se perdió. “Por lo que sabemos hasta el momento ya fue en territorio estadunidense que hubo como un conato de captura, como que vieron a la Patrulla Fronteriza y se dispersaron. Ya en ese momento que se dispersan a él ya no lo localizan”, añade. 

Saben que regresaron a buscarlo por lo menos tres horas y, al no localizarlo, el grupo se fue y lo dejó en el desierto. Eso fue entre la noche dos 2 y el amanecer del 3 de noviembre.  

Siete días después, el 10, Omar se comunicó con un tío a través de un mensaje de texto. Le dijo que estaba cansado, pero que se encontraba estable, aunque con poca comida.  

“A nosotros nos dio mucha esperanza, porque si había caminado siete días qué faltaba para que pudiéramos ir por él. Su tío le pidió que se comunicara al 911 para que una antena lo captara y así fue: una antena de Estados Unidos lo captó y dio unas coordenadas, con las que determinó que estaba en el municipio de Ojinaga, pero dentro de Chihuahua, en el territorio mexicano, por lo que ellos ya no podían entrar”. 

Rápidamente un tío de Omar que lo iba a esperar allá llamó a las autoridades de Chihuahua para que se movieran a ese punto y pudieron entrar la mañana siguiente, porque ese día ya era tarde, “y además entrar al desierto a buscar migrantes requiere toda una planeación de operativo”. Entraron y él ya no estaba en el punto donde arrojaban las coordenadas. 

Ese día, el jueves 10 de noviembre, fue la última vez que tuvimos contacto con él; ya no pudimos comunicarnos después. Lo último que escribió fue: “ya tengo poca comida y agua”. 

Para el sábado 12 ya había todo un operativo montado por aire y tierra por él, pero ya no fue posible localizarlo. “A nosotros nos parece bastante extraño e inexplicable, porque no se lo tragó la tierra. Omar no se pudo perder en 48 horas”, insiste. 

La familia tramitó un amparo (1913/2021) ante el Juzgado Primero de Distrito de Chihuahua para que el Estado no deje de buscarlo y se destinen todos los recursos públicos al alcance. Este recurso establece que el gobierno debe abrir caminos, usar aeronaves (requeridas para la búsqueda a fondo), además de todo lo que esté a su disposición para intentar localizar a Omar. Interpol, en tanto, emitió una ficha amarilla para extender la búsqueda. 

Buscan a Omar y se encuentran con extorsionadores 

Me presento con nombre y apellido: soy el jefe tal, del “ce de ge”. La voz al otro lado del auricular remarca la pronunciación de las letras. Dice ser un encargado de plaza del Cártel del Golfo. Para regresar al muchacho, que, asegura, está bajo su poder, pide 10 mil dólares. 

Este ha sido uno de los intentos por extorsionar a la familia, ante la situación desesperante que viven por no saber nada de Omar. Las llamadas provienen de distintos puntos del país, desde Iztapalapa, en la Ciudad de México, hasta Tamaulipas. Todos piden sumas cuantiosas por supuesta información.   

“Sin pruebas (sobre la ubicación de Omar), no vamos a caer en las extorsiones. Ya caímos una vez, desgraciadamente. Buscaron el teléfono de una persona que está más vulnerable y le pidieron todos sus ahorros. La persona, en su desesperación, porque le mandaron fotografías de un joven con la cabeza llena de sangre y cubierta con una cita, diciendo que era Omar… claro que nos tocan el corazón, estamos desesperados, pero no vamos a caer. Sí, estamos desesperados, porque nunca imaginamos que nos fuera a pasar esto. Estamos viviendo un duelo terrible”, remarca Sheila. 

Al 6 de diciembre, Omar tiene 34 días sin ser localizado. Además de los intentos de extorsión, también han recibido otras llamadas que los han hecho pensar y que están en manos de la fiscalía, entre éstas, la de otro supuesto mando en el norte que les dijo que pusieron “muy caliente” la plaza, por la búsqueda que hacen para hallar a los 14 desaparecidos; el último, su sobrino.  

“No sabemos nada, él sigue perdido, y es uno de miles de migrantes. Esto es una realidad: ¿cuántas personas no saben que sus parientes se murieron y quedan ahí? ¿cuántos registros de personas desaparecidas en el camino o levantadas, que ya no se vuelve a saber nada?”, cuestiona. 

De los 13 migrantes de Durango, sus familias saben que los raptó un comando porque uno huyó, “un joven de 14 años, que declaró que los levantaron, pero donde no dejan libre a nadie, ¿a dónde van esos migrantes desaparecidos?” 

“Estamos muy angustiados. Nuestra vida ha sido muy distinta a partir de ahí. Estamos desechos como familia. Él era el nieto más apegado a mis suegros, porque vivía con ellos, era su apoyo en todo, su eje, era su alma, y ya no está, ya no lo tenemos”, dice Sheila y su voz, decaída en cada momento, se quiebra por completo.    

En Facebook, las familias de los 13 migrantes crearon una cuenta para exigir justicia y en busca de información, 13 desaparecidos Coyame-Chihuahua. Entre Coyame y Ojinaga hay 80 kilómetros de distancia, un radio bajo el fuego cruzado de los cárteles. 

En esta cuenta, han hecho también un llamado al comando que los raptó: “no sólo los desapareces a ellos, desapareces a familias completas, dejando madres, esposas, hijos muertos en vida, sin pensar que un día puede ser tu madre, tu esposa, tu hijo el que esté en un lugar igual que nosotros en este momento. Imagínatelas buscándote con el corazón destrozado”. 

La disputa entre cárteles 

Con base en informes de seguridad federal, en la zona en la que desapareció Omar un comando armado “levantó” a los 13 migrantes de Durango el 25 de septiembre de 2021 a las ocho de la noche, cuando se encontraban en Coyame de Sotol, el territorio se disputa entre La Línea y una facción del Cártel de Sinaloa a cargo de Aureliano Guzmán Loera, El Guano (hermano del Joaquín Archivaldo, El Chapo), a quien la Fiscalía de Arizona acusa del ingreso de fentanilo, heroína, cocaína y metanfetamina a su territorio, junto con tres operarios por los que el Departamento de Estado de Estados Unidos ofrece hasta cinco millones de dólares por información que lleve a su arresto: los hermanos Ruperto, José y Heriberto Salgueiro-Nevarez. 

El joven que escapó declaró que todos habían sido privados de su libertad por hombres armados en las brechas de Lomas de Arena.  

Al igual que en el caso de Omar, las familias han enfrentado intentos de extorsión y amenazas por la participación activa que tienen para exigir la localización de los migrantes.  

Comentarios