Revista Proceso

Huellas fotográficas de Marco Antonio Cruz en la edición de Proceso, este domingo

"Las imágenes de Marco Antonio Cruz, en dos volúmenes", hablará de dos libros recién salidos de la imprenta en torno a la producción del coordinador de Fotografía en la revista Proceso, fallecido este viernes.
viernes, 2 de abril de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Luego de concluir su nota para la revista, Roberto Ponce me sugirió un encabezado: “Marco Antonio Cruz: Estética de una vida en dos volúmenes”. Era una metáfora preciosa, pero opté por la precisión informativa, ya que se trataba de dar a conocer dos ensayos sobre la obra de nuestro coordinador del departamento de Fotografía desde 2006, y quedó como: “Las imágenes de Marco Antonio Cruz, en dos volúmenes”.

Así aparecerá en la edición de este domingo en Proceso.

Se trata, en efecto, de dos libros recién salidos de la imprenta en torno a la producción de Marco: Uno, Poéticas sobre la ceguera. Una aproximación al Ensayo sobre ciegos de Marco Antonio Cruz, del investigador Arturo Ávila Cano, estudio antropológico que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo sobre Fotografía 2018 (el premio es justo la publicación). Dos, La construcción de una mirada (1976-1986), del historiador Alberto del Castillo Troncoso, que recoge las imágenes de la primera década de su trayectoria, a presentarse en línea este 15 de abril.

Marco Antonio compartía siempre la invitación para sus actividades extras (una publicación, una exposición, un reconocimiento), y en alguna ocasión dimos cuenta de ello en la sección cultural, no obstante la tradicional regla no escrita en Proceso de mantener cierta reserva en cuanto a la obra personal de todos nosotros.

El ejemplo más cercano fue con ocasión del bicentenario del nacimiento de Federico Engels, cuando Proceso publicó, el 31 de enero, una foto del busto del pensador, ubicado en una placita perdida de la colonia Roma, “repleta de basura desperdigada entre sus jardineras, erigido en 1996 por el escultor mexicano Óscar Ponzanelli”. La nota de Edna Amador señalaba además: “El ambulantaje, la basura, los locales abandonados y las personas sin techo siguen allí, a pesar de que la izquierda gobierna en su mayoría la ciudad desde hace más de dos décadas”.

Esta vez la nota acompañó a la imagen y no al revés: Casi de manera imperceptible, Marco Antonio Cruz dejaba ver la silueta difusa de un hombre indigente tirado en la base del monumento al pensador marxista.

Posteriormente regaló un ejemplar del libro Poéticas de la ceguera, y él mismo en su bicicleta lo llevó a mi casa, y asimismo entregó el 24 de marzo el volumen de La construcción de una mirada (1976-1986), acompañado de estas líneas:

“Es sobre mi inicio en la escuela de arte y el encuentro con la fotografía, las publicaciones en las que trabajé en la CdMx con caricatura y fotografía, como Interviu, en Lucha, Oposición del PCM, Así es del PSUM y La Jornada. Se documenta paralelamente la situación política en México de esos años.

“Entiendo que por mi posición en la coordinación de fotografía de Proceso tal vez sea complicado hacer un texto. Considero que el libro es una profunda investigación de importancia, es un aporte a la memoria de la fotografía. Dime francamente si te interesa, si no se puede lo entiendo, te mando un abrazo”.

Como lo consignó Roberto Ponce en la amplia reseña de ambos libros, este último consta de 633 páginas y se acompaña de 140 imágenes en blanco y negro.

Enseguida se glosan para nuestros lectores algunos fragmentos contenidos en los dos volúmenes en torno a la fotografía de Cruz. quien asimismo se destacó en el campo de la caricatura en las primeras décadas de su trayectoria como foto-reportero.

“Poéticas sobre la ceguera”

Es una tesis de doctorado por la UNAM del doctor Arturo Dávila Cano, publicado por la Secretaría de Cultura del gobierno de México, con prólogo de Laura González-Flores.

“Ensayo sobre ciegos” es el archivo en el que Marco Antonio Cruz concentró y organizó alrededor de 12 mil negativos, en los que documentó el universo de la ceguera y los débiles visuales en México.

Desde este repositorio, cuya investigación demandó un trabajo de 17 años que dio inicio en 1988, el autor nos aproxima a esta condición a través de lo clínico, lo pedagógico, lo laboral y lo social, para lo cual tuvo que acceder a diversas instituciones públicas y privadas.

En una serie de entrevistas que sostuvo con Cruz en las instalaciones del Centro de la Imagen de la Ciudad de México, el autor aseguró que su formación como fotoperiodista le ayudó a elaborar sus proyectos documentales:

"Hace veinte años no había tanto acceso a la información como lo hay ahora. Antes tenías que investigar mucho, ir con grupos, a las escuelas, a las instituciones de educación y rehabilitación, incluso viajar porque no había otra manera. Algunas veces viajaba a algún estado de la república con determinada investigación [avanzada] y los permisos necesarios para hacer fotografía, pero en otras ocasiones llegaba [al lugar] y no tenía ni idea de lo que iba a hacer. De repente conocía a una persona ciega y ésta me informaba y conectaba con el mundo de la ceguera, entonces terminaba en lugares extraordinarios, como en los campamentos de refugiados guatemaltecos en San Juan Coyotepec, Estado de México, o en Oxchuc, Oaxaca.”

(…) En este archivo se concentra gran parte de las retóricas sobre la ceguera presentes en las obras pictóricas y fotográficas de autores que aquí [en el libro Poéticas sobre la ceguera] se han estudiado. Ejemplo de ello es la imagen Músicos ambulantes, la más antigua de todas, resguardada en el sobre identificado con el nombre de “Puebla”. Lo mismo sucede con otras fotografías captadas entre 1981 y 1987, en las que representa a los ciegos como comerciantes y músicos callejeros del Centro Histórico de la Ciudad de México. Algunas de éstas fueron elaboradas al mismo tiempo que el autor realizaba coberturas periodísticas, pues en sus trabajos solía encontrarse con los ciegos.

“Comencé a retratarlos en la calle, vendiendo de todo o tocando música con instrumentos muy básicos en el metro, en mil actividades. Así fue como comencé a jalar la hebra, una hebra realmente muy larga. Fueron diecisiete años de trabajo. El tema es muy profundo. Es un ensayo en el cual fui aprendiendo. No es que todo lo hecho en un inicio fuera lo que uno quería, sino que el propio ensayo me fue enseñando. Fue una lección en varios niveles y la lección más importante fue aprender sobre la condición humana. En este caso, gente ciega que está marginada de la sociedad. Al final, se trataba de mostrar todo eso. Para mí fue una lección enorme, el estar cerca de esta situación. […]

“Realmente fueron impresionantes [las] lecciones [de Nacho López] sobre cómo iniciar un tema y sobre todo la parte del compromiso social, la responsabilidad de un fotógrafo ante la sociedad y la cantidad de temas que hay por retratar […].

“Pero quien siempre ha sido una guía y sigue siendo hasta ahora, no solamente para mí sino para gente como Nacho López, es Eugene Smith, quien fue el maestro de ensayo para muchos fotógrafos en el mundo. […] Tengo varios libros de Smith, pero hay uno en especial en el que se aprecian prácticamente las hojas de contacto de toda su obra. Es como la Biblia. Ese libro lo he visto mil veces, lo sigo consultando, lo sigo viendo, me sigue inyectando, sigo aprendiendo de él y del maestro Smith que realmente tenía una intensidad impresionante. Y si algo aprendí [de Nacho López], además de su compromiso social, fue el uso del laboratorio. Va muy de la mano con la mirada. No basta hacer fotografía con una cámara, mandar el rollo y a ver qué pasa, sino que todo confluye en un cuarto oscuro. La pieza concluye cuando la retiras del fijador. Es cuando se encuentra toda la intención de un fotógrafo.”

[…] Cuando me di a la tarea de revisar el archivo entre los meses de octubre y noviembre de 2014 en las instalaciones del semanario Proceso –donde Marco Antonio Cruz es coordinador y editor de fotografía desde 2006— en la colonia del Valle de la Ciudad de México, advertí que el autor utilizó cámaras de distintos formatos: Yadhica, Nikon y Leica de 35 mm, Hasselblad panorámica de 35 mm, Hasselblad y Holga de formato medio. […]

“…me interesa mucho el resguardo, la memoria, conservar esas imágenes como parte de mi historia y también la historia de una sociedad. El uso de distintos formatos me otorgó más vías para poder mirar […].

“Realmente procuro no intervenir en lo que tengo enfrente. Procuro siempre ser muy respetuoso, pero también he sido muy transparente cuando he intervenido en algo, es para bien de la imagen, pues.”

[…] Destacan también las fotografías que realizó en el Instituto nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, donde gracias a una cámara de fondo de ojo para la captura de la retina logró que observáramos a detalle, tal cual lo hacen los oftalmólogos, las anomalías oculares de los pacientes. Mediante estos impactantes documentos clínicos sobre enfermedades oculares, el autor nos proporcionó otro punto de vista sobre la ceguera. […]

“En Oaxaca Marco Antonio Cruz conoció a Porfirio Moreno Martínez… El fotógrafo charló ampliamente con este hombre lleno de determinación y coraje, cuya historia documentó en cuatro películas de 35 mm.

“Desde niño tuvo artritis juvenil. A los 16 años quedó ciego y lo último que vio fue un eclipse. Es un hombre que perdió la capacidad de caminar y ha estado recluido en una cama durante más de veinte años. Para no caer en la locura, se dedicó a pensar. Creo que el caso de don Porfirio es impresionante porque es una persona que luchó contra la adversidad y se convirtió en un filósofo extraordinario. Además, escribe muy bien. Los ciegos en la ciudad de Oaxaca lo conocen, le enseñan Braille. Es un lector voraz. Es un caso muy ejemplar […]

“La mayoría de los ancianos en las comunidades indígenas o rurales, incluso en la Ciudad de México, tienen problemas de cataratas, de ceguera por cataratas. Realmente es increíble que suceda esto en pleno siglo XXI. No es posible que la gente siga padeciendo este tipo de enfermedades cuando se pueden curar, pero es la historia de siempre.

“En algunos lugares es peor, como en el caso de Chiapas, donde la gente se muere de enfermedades curables. Cuando un niño cumple los 14 años, en la selva de Chiapas le hacen fiesta porque ya se logró, o sea, no se murió. [Allí] la mayoría de los niños muere antes de los catorce y eso es horrible.” […]

Luego de haber elaborado este análisis alrededor de la poética de las imágenes que conforman el “Ensayo sobre ciegos”, concluyo que este es uno de los trabajos más complejos en la historia de la fotografía contemporánea mexicana.

“La construcción de una mirada”

Es un trabajo extenso, bien documentado y de excelente ilustración, obra del historiador Alberto del Castillo Troncoso, editado por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Mora, con apoyos del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales 2019. Abarca la década de producción de Cruz entre 1978 y 1986. “En la oposición comunista” se llama el segundo capítulo, donde leemos:

“A finales de los años setenta del siglo pasado, el gobierno de López Portillo inició una reforma política para incorporar a una parte de las izquierdas u otros grupos políticos de oposición a la legalidad. Con ello buscó consolidar un proceso de legitimación de un sistema político vertical y autoritario que requería de ajustes profundos para continuar con su ciclo […]

“En tal contexto. El joven Marco Antonio Cruz ingresó al Partido Comunista Mexicano (PMC) en la segunda mitad de 1981, como un resultado lógico de su cercanía ideológica con este grupo político desde su etapa estudiantil en la EPA, y como parte de su acercamiento profesional a los medios de difusión del partido. El dirigente Arnoldo Martínez Verdugo, secretario general del Partido desde la década de los sesenta, le entregó su credencial en persona.” Marco Antonio Cruz relató:

“Mi simpatía con el PCM venía desde la etapa de estudiante de arte en la UAP, el periodo en que estaba el rector Manuel Terrazas, destacado militante del PCM, pero nunca milité en Puebla. Con el ingreso como fotógrafo del semanario Oposición, es más estrecha mi relación con el Partido. Tuve que conquistar con trabajo y actitud la confianza para estar en momentos críticos o confidenciales, como reuniones del Comité Central o con líderes campesinos y obreros en situación de riesgo. Oficialmente en 1981 me afilio y recibo la credencial de manos de Martínez Verdugo. Por un tiempo me acerqué a las juventudes comunistas, en donde se realizaban acciones en apoyo al pueblo salvadoreño, que en ese momento se encontraba en insurrección, o en realizar pintas o graffitis sobre la situación económica del país en varias colonias del DF.” 

Una de las pistas para seguir el rastro de las fotografías de Cruz, señala Del Castillo Troncoso en el apartado “La memoria de la represión”, es la que se refiere al seguimiento de algunos de los episodios emblemáticos que marcaron la represión gubernamental en contra de la protesta ciudadana.

“Entre esas fechas paradigmáticas sobresalen el 2 de octubre, el cual se refiere a la matanza de Tlatelolco de 1968, un tópico central para entender el México contemporáneo, y el 10 de junio [1971], fecha que emite a la represión del grupo paramilitar entrenado por el gobierno y conocido como ‘los halcones’ […] De la fotografía [de Cruz] no publicada tomada el 2 de octubre de 1980 en el Eje Central… la convierte en una editorial en sí misma. Sólo lleva por título la consigna: ‘10 de junio no se olvida’, que vincula las fechas del 2 de octubre con la del 10 de junio y las posiciona en el calendario político y cívico de aquellos años […]  

“La figura de Rosario Ibarra de Piedra se convirtió en uno de los símbolos más importantes en la lucha por los derechos humanos en aquel tiempo. Su militancia se inició con el secuestro y la desaparición de su hijo […] 

“El trabajo fotográfico de Cruz contribuyó a legitimar y a liberar a las madres del estigma oficial que pendía sobre sus figuras en aquellos años de violencia y a posicionar el tema en la opinión pública, subrayando las condiciones de pobreza que caracterizaban a estos personajes convertidos en nuevos actores sociales de la década de los setenta.              

“En el semanario Oposición aparecieron publicadas tres imágenes de Cruz tomadas con una lente de 50 mm, las cuales muestran distintos aspectos de la protesta y se convirtieron en iconos visuales importantes en los siguientes años.”

En esa década, 1976-1986, Marco Antonio Cruz cubrió todas las marchas populares y estudiantiles contra el sistema represor del priismo gobernante, apoyando con sus imágenes a las comunidades homosexuales y de mujeres lésbicas, a la vez que captaba las manifestaciones de las personas en favor del aborto, entre otras muchas actividades gráficas que incluyeron dibujos muy bien elaborados de enorme compromiso social.

* * *

El 20 de octubre de 1981, luego de haber acudido a una asamblea de unificación del PCM que se realizaba en el Auditorio Nacional, Marco Antonio Cruz sufrió en carne propia la represión que él denunciaba en sus imágenes y caricaturas. Él mismo lo narró como recoge el libro de Alberto del Castillo y Troncoso. En el manuscrito inédito, el fotógrafo de Proceso narró:

“[…] casi al llegar a mi casa noté que un vehículo me seguía, un automóvil Galaxie, color guinda, sin placas. En un momento dado del automóvil bajaron dos hombres armados de apariencia militar que se dirigieron hacia mí. Me exigieron subir al vehículo. Me resistí y con las culatas de las pistolas me golpearon en la cabeza. La sangre brotó con los primeros golpes. Me abracé de un poste de luz y comencé a gritar. La gente salió de sus casas y pidió a los que me atacaban que dejaran de pegarme. Conseguí zafarme y corrí. Entré a mi casa y escuché cómo frenaba el auto de mis perseguidores en la puerta. Lo primero que hice fue hablar por teléfono con [Gerardo] Uzueta [director de Oposición] e informarle de la situación. A los cinco minutos me llamó una persona que se identificó como el licenciado Fernando Gutiérrez Barrios, subsecretario de Gobernación, y me pidió detalles. Cuando esto sucedía, el vehículo se fue…”

El propio Cruz documentó el episodio a través de un retrato en el cual el fotógrafo posa para la cámara sentado en la sala de su departamento, mostrando las huellas visibles de la atroz golpiza, “con la mirada de un cíclope que se asoma entre los cabellos desordenados que le tapan una buena parte del rostro, la boca semiabierta y los labios hinchados que dejan ver dos líneas de los dientes y la sangre que le brota desde la cabeza y le escurre por toda la camisa”.

En la parte superior de la imagen se puede apreciar enmarcada una de las fotografías icónicas de Cartier-Bresson, tomada en 1932 y titulada “Plaza Europa, estación de San Lázaro”, lo que sintetiza –a decir del autor del libro-- la búsqueda inicial y las aspiraciones profesionales y estéticas del autor por definir su trabajo, así como su identificación temprana con un referente clave para la fotografía documental en América Latina durante aquellos años”.

De esta forma, “el autor registró su propia represión, al mismo tiempo que se identificó de la manera más cruda y posible con la lucha de los diversos personajes agredidos por el Estado, que él mismo había cubierto con todo rigor en los meses y los años anteriores. Así las cosas, la fotografía en cuestión tiene una doble lectura indicial y simbólica, en la medida que es utilizada para registrar la represión sufrida y la exhibirla como documento probatorio frente a las autoridades y la opinión pública, y al mismo tiempo condensa de manera dramática un modelo de representación de sí mismo como un fotógrafo comprometido con el paradigma cartier-bressoniano predominante en un sector de los fotógrafos latinoamericanos en aquella época.”

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