Cine

Wong Kar-wai, por siempre

El cine Tonalá exhibe una retrospectiva de la obra de Wong Kar-wai, sin lugar a dudas el cineasta más importante que ha producido Hong Kong en las últimas décadas.
sábado, 3 de abril de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El cine Tonalá exhibe una retrospectiva de la obra de Wong Kar-wai, sin lugar a dudas el cineasta más importante que ha producido Hong Kong en las últimas décadas, en términos del impacto artístico que ha tenido a nivel mundial.

Desde la década de los noventa, las innovaciones en el ritmo, la manera única de editar, el rechazo a contar relatos lineales, junto con su manera de componer imágenes a base de coreografías, se han integrado por completo al lenguaje de cine contemporáneo; el estilo de Wong puede notarse en cualquier director que trate temas como el amor, la memoria, el tiempo.

Imitado, asimilado consciente o inconscientemente por innumerables directores, sus figuras de estilo, tropos, han dejado de sorprender; lo que nadie ha conseguido copiar es el tono, la carga de nostalgia, angustia y melancolía que destilan sus películas. La poética de este artista, nacido en Shanghai, se alimenta del exilio resultado de la Revolución Cultural en China, de la incertidumbre de la devolución de la colonia británica en 1997 y de las posibles consecuencias que esto implicaría. El cine de Wong Kar-wai es el mapa y el testimonio de esa historia.

Los títulos de sus cintas, en general, se conocen en inglés, poco tienen que ver con los títulos en cantonés, A tears go by (Carmen en Mon Kok, 1988) o Days o Being Wild (Historia de un revoltoso, 1990), cinta con la que incluye ya los temas que desarrolla posteriormente: el desencuentro amoroso, el amor no correspondido, la búsqueda del objeto perdido, el suplicio de Tántalo de tenerlo frente a sí y saberlo imposible.

Las condiciones políticas son parte del genoma de su obra, pero sólo de manera tangencial y metafórica, como ocurre en 2046 (2004), que alude a ese año en el futuro cuando Hong Kong regresaría por completo a integrarse a la China continental; la metáfora es la de un tren que viaja al futuro, asistido por androides que aprenden a amar.

Con 2046 concluye la historia de amor entre el señor Chow (Tony Leung Chiu-wai) y la señora Su (Maggie Cheung), tema de In the Mood for Love’ (2000), sin duda su obra maestra, y ahora considerada entre las mejores películas del cine mundial en lo que va del siglo. Claro, en el universo de Wong, si hay amor tiene que ser imposible, y la cifra 2046 de la secuencia alude al número del cuarto de hotel donde la pareja habría tenido, o no, un encuentro sexual; no existe la certeza en la vida de sus personajes, sólo duda y remordimiento, como sucede en Happy Together (1997). 

 Además del material de la truculenta historia de Hong Kong, el fenómeno Wong Kar-wai sería inconcebible sin el apoyo de su equipo de colabo­radores, como Christopher Doyle,­ cinefotógrafo australiano, y el diseñador de arte William Chang, capaces de dar forma a la fuerza poética del director. Sus actores fetiches, como Tony Leung, premiado en Cannes, que lo han acompañado, literalmente, hasta el fin del mundo (Iguazú, La Patagonia), por meses o años, sin guion, sujetos a sus caprichos y a la escena escrita apenas la noche anterior, y expuestos a que su trabajo desaparezca por completo si a Wong se le ocurre editar por completo sus escenas.

Reseña publicada el 28 de marzo en la edición 2317 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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