Cine

Koreeda en la Muestra

Con “La verdad”, primera incursión del japonés Hirokazu Koreeda en lengua francesa, la historia y la trama, el lenguaje visual, organizan un homenaje abierto a Catherine Deneuve y a varios de los grandes directores que la dirigieron.
sábado, 1 de mayo de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Referirse a que un director rinde homenaje en su película a algún gran autor parece ocioso y pedante, pues se deposita en el lector la obligación de apreciar la calidad de tal tributo; pero en relación con “La verdad” (La vérité; Francia, 2019), primera incursión del japonés Hirokazu Koreeda en lengua francesa, el caso es literal, de principio a fin: La historia y la trama, el lenguaje visual, organizan un homenaje abierto a Catherine Deneuve y a varios de los grandes directores que la dirigieron a lo largo de más de 60 años de carrera.

Fabienne (como Catherine Deneuve), actriz famosa, está a punto de publicar sus memorias, y con este pretexto llegan a visitarla su hija Lumir (Juliette­ Binoche), guionista talentosa que vive en Nueva York con su esposo americano, Ethan Hawk, y la hija de ambos. Simultáneamente, Fabienne está rodando una película de ciencia ficción en la que, debido a una paradoja del tiempo, es la hija la que envejece y no la madre.

Cuando Lumir lee el manuscrito, le reclama a la madre varios puntos, la manera en que la retrata como hija, la ausencia total de la mejor amiga de Fabienne, o de su devoto asistente al que tampoco menciona; en su respuesta, la actriz se revela como la verdadera diva que es: al público no le interesa conocer la verdad, a sus admiradores nos les interesa la sinceridad, lo que quieren es confirmar que ella es como la imaginan.

La trama de desliza bien, a base de juegos de espejo donde la estrella se asoma y se esconde, sin perder estilo; las metáforas de la relación entre madre e hija circulan entre la filmación de esa madre que quiere envejecer (las divas no envejecen), y se va a un laboratorio espacial, con la autobiografía fabricada a su medida, el desprecio complaciente a su yerno, o el encanto salpicado de envidia a la nieta que querría dedicarse a la actuación.

En tanto que homenaje suyo, se supondría que Catherine Deneuve se interpretase a sí misma, pero la gran actriz que en verdad es supo distanciarse de su personaje, y jugar con eso que sus admiradores saben y esperan, mantener el estilo; la Dama Channel, señorita de Rochefort y Bella de Día, es capaz de no tomarse en serio, complace a su público y lo divierte.

¿Y a todo esto, dónde queda Koreeda? Favorito de Cannes, Palma de Oro con su penúltima cinta, Un asunto de familia (Shoplifters, 2018), el realizador es admirado en Francia porque se le asocia a la identidad del Japón profundo, a clásicos como Ozu o Mikio Naruse, difícil apreciarlo fuera de su contexto; pero en “La verdad”, Koreeda instala una ofrenda para la actriz que le significa lo mejor del cine francés desde su infancia, el gusto que compartió con su propia madre por este espectáculo en medio de problemas familiares. Este tema, el de la familia, las verdades a medias, los rencores que se deben esconder (porque en el ideal de la cultura japonesa es impensable cuestionar a los padres): todo esto se halla presente en esta incursión francesa. La familia es el espacio donde se aprende a amar y a vivir.

Inspirado en un comentario de Tony Rayns, el gran estudioso del cine asiático, se puede afirmar que en el mundo de Koreeda el terreno entre la vida como tal y la vida como espectáculo es vago; lo que lo define, a nuestro parecer, son personajes que, como Fabienne/Deneuve, encarnan fuerzas vitales.

Crítica publicada el 25 de abril en la edición 2321 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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