Teatro

"Bozal...": Teatro en voladora

Bozal. Prohibido no volar es una gran obra en la que Richard Viqueira se lanza al vacío en la búsqueda escénica y logra resultados asombrosos.
martes, 8 de junio de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Gravedad 0, volar mientras se observa. Flotar en el espacio como los astronautas que pelean y cuestionan su existencia dentro de una nave espacial. Los espectadores comparten la misma sensación de estar suspendidos en el escenario –a través de poleas, arneses y columpios– e imaginarse en medio del universo sideral.

Bozal. Prohibido no volar es una experiencia teatral espectacular. Un proyecto ambicioso que logra sus objetivos. Richard Viqueira concibe una obra compleja en cuanto a su dispositivo, diseño del espacio y el diseño de la experiencia. Con un sólido equipo de creativos, entre los que se encuentran Mario Marín del Río en la escenografía y el vestuario y Gabriel Pascal en la iluminación, construyen una propuesta inmersiva que quedará grabada en nuestra memoria.

Viqueira se arriesga y apuesta por la experimentación escénica con cantidad de riesgos. Gran parte de ellos se encuentran en el diseño espacial y la mecánica de movimiento del dispositivo, que abarca tanto actores como espectadores. Un dispositivo múltiple con dos estructuras pentagonales, como pasillos que acotan el lugar que ocupan los astronautas y en el que transitan los personajes; y los columpios donde se ubican los espectadores.

Luces de colores o blancas, bolas con espejos que rebotan la luz, proyecciones elevadas que dan la impresión de estar en el espacio, estrellas, planetas y nosotros ahí arriba, participando de esta sensación generadora de sentimientos, como el miedo, la empatía y la ingravidez.

Los personajes, interpretados por Omar Adair y David Blanco, de ser una unidad, se convierten en acérrimos enemigos. La soledad y el no lugar provocan en ellos confusión, locura y cuestionamientos intensos de identidad. Aunque la historia no es el eje de la obra, sí lo es la situación dramática en que se encuentran, el proceso de desprendimiento, de desconocimiento y del emerger ese monstruo que llevan dentro. Ambos personajes dialogan con un comandante que, con voz en off, los enfrenta aún más. Es interesante el descubrimiento progresivo de quiénes son realmente y el final esperado de la destrucción.

Abajo, en tierra, otro astronauta con casco y guitarra rockera,­ Ángel Luna, canta o camina intentando simular ese flotar cuando no hay gravedad. En esta reposición nos comparte, en un rompimiento de la cuarta pared, su experiencia de pérdida de un ser querido durante el covid, lo cual conmueve y dimensiona la propuesta en este presente. Aunque el texto y las actuaciones exaltadas no son del todo convincentes, sí lo es el movimiento escénico y la capacidad actoral para manejar la energía y caminar en ese espacio reducido, correr el riesgo en las alturas y danzar en el aire. Uno desnudo y otro con un traje espacial, hablan desde el aislamiento y la desesperanza. Ambos con arneses que lo sostienen y que requieren de mucho entrenamiento.

Es sorprenderte observar el movimiento de poleas que realizan los técnicos, tan bien iluminados, para subir y bajar los columpios donde se colocan los espectadores y los pasillos donde transitan los personajes. Desde el piso, otros espectadores observan, con incomodidad, recostados en una colchoneta.

Bozal. Prohibido no volar es una gran obra en la que Richard Viqueira se lanza al vacío en la búsqueda escénica y logra resultados asombrosos. Se estrenó en el Teatro Julio Castillo cuatro años atrás y ahora se presenta en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes hasta el 20 de junio, con lo que llegará a 100 representaciones. Original, atrevida y vital, Bozal… nos invita a volver al teatro para encontrar lo que sólo el teatro nos puede dar, la experiencia compartida, y esta experiencia es única y memorable. 

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