COP26

La lección de La Palma en Glasgow: Esteban Krotz

“El problema parece ser que el liberalismo primitivo antes y el neoliberalismo actual han hecho creer que no existe nada firme: todo es negociable. El volcán de La Palma nos enseña lo contrario: una vez iniciada la devastación, no hay manera de oponérsele, de corregirla, de revertirla”, dijo.
miércoles, 3 de noviembre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- ¿Cuáles son las señales que el volcán de La Palma envía a los participantes de la vigésimo sexta Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cop26)? Para el antropólogo Esteban Krotz es la reiteración de que el llamado “punto de no retorno” ya está aquí, no en el futuro.

En un texto publicado en el blog de la “Revista Común”, y compartido con esta agencia por el doctor en Filosofía de las Ciencias Sociales y profesor investigador de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), explica cómo los medios de comunicación han llenado de reportajes, imágenes y videos que permiten ver el antes y después en la vida de casi cien mil habitantes de la isla La Palma en el archipiélago de las Canarias.

Asimismo imaginar las “dantescas” noches que pasan ante las expulsiones de magma, los ríos de lava, las emisiones de humo y nubes de gases que van tragando plantaciones, huertos, casas, carreteras y dejando sólo cenizas:

“Frente a todo esto están los científicos sin poder hacer predicciones sobre la duración y la envergadura de lo que viene”.

Es puntual el investigador nacido en Barcelona y arraigado en México hace décadas, al señalar que las llamadas “catástrofes naturales” no lo son en realidad, pues la mayoría resultan de la acción humana: los fenómenos naturales son inevitables, pero sus efectos no: inundaciones, sequías, plagas, olas de calor, incendios forestales y desaparición de las especies, pueden ser evitados.

Incluso los impactos de los terremotos, como los acontecidos en 1985 y 2017 en la Ciudad de México, lo son, pues (cita a Robert Glasser, representante especial de la ONU para la Reducación del Riesgo de Desastres) “ no son los terremotos los que matan gente, son los edificios, y esto se puede evitar”.

Igual, añade Krotz, pasa con los huracanes, cuya potencia ha ido incrementándose en todo el mundo, particularmente por el efecto de construcciones y vías de comunicación. Con los volcanes la situación es diferente, se monitorean los “activos” para saber las probabilidades de una erupción cercana o inminente, pero no se pueden predecir el tipo y la magnitud de sus explosiones, la cantidad de lava, etcétera.

Entonces compara con el cambio climático, en donde se está llegando a los “puntos sin retorno”, porque no se han abandonado las causas del sobrecalentamiento, por ejemplo la explotación, producción y consumo de combustibles fósiles, pese a que desde 1971 el llamado Club de Roma presentó el estudio “Los límites del crecimiento” y la existencia del “Acuerdo de París” de 2015.

Por el contrario, llama la atención sobre el crecimiento, en las esferas de la sociedad y cultura humana de los extremos: riqueza-pobreza, libertades y privilegios contra dominación y opresión. Así, se prevé que para 2030 el calentamiento por emisiones mundiales alcance los 2.7 grados.

En Glasgow, Gran Bretaña, sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cop26), los líderes mundiales están discutiendo sobre el tema, pero no necesariamente habrá como resultado la toma de medidas concretas. Alude a la activista sueca Greta Thunberg, quien en dos reuniones del Foro Económico Mundial de Davos, “según ella” fue invitada e incluso escuchada, “pero no realmente comprendida ni efectivamente atendida”.

Señala contundente el antropólogo:

“El problema parece ser que el liberalismo primitivo antes y el neoliberalismo actual han hecho creer que no existe nada firme: todo es negociable. El volcán de La Palma nos enseña lo contrario: una vez iniciada la devastación, no hay manera de oponérsele, de corregirla, de revertirla”.

Los habitantes de la isla, dice, cuentan con la solidaridad de las sociedades española y europea, incluso recurrirán al apoyo estatal y a sus seguros privados, cuando todo se pierda tendrán seguridad social, seguro médico, seguro de vejez y “en el peor de los casos tendrán que mudarse a otra isla del archipiélago canario o al continente europeo”.

Y remata con una dura advertencia:

“Pero los ocho mil millones de habitantes del planeta no tendremos estas posibilidades cuando el cambio climático entre en su fase irreversible”.

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